viernes, 31 de octubre de 2014

Métodos de crianza y roles paternos

Hoy he leído dos artículos que me han "removido" bastante neuronas y sentimientos internos. Todo ha empezado siguiendo en Facebook este enlace que publicaban dos de mis contactos. Y no podía estar más de acuerdo en muchas de las cosas que decía. En casa tenemos los roles a nuestro aire y el que está en el grupo de whasapp del cole es mi marido, que me va contanto las aventuras y desventuras de por allí. Muchas de ellas, como cuenta la madre del artículo, relacionadas con deberes, tareas, etc.

A nosotros nos resulta un poco sorprendente porque con Darío lo único que hacemos al respecto es preguntarle si tiene tareas y pedirle que las haga antes de ponerse a jugar con otras cosas para que así no se agobie a última hora si se le han olvidado. Y normalmente es él el que saca la carpeta después de comer y se pone por su cuenta. A veces nos pregunta algo o nos dice que no lo entiende y su padre o yo nos acercamos a ver si le podemos ayudar a entenderlo mejor. Otras veces, con inglés sobre todo, nos pregunta sobre la grafía de una palabra. Nuestra política en este sentido es ayudarle un poco porque entendemos que es un segundo idioma complicado en el que lo más importante es adquirir el habla (y el oído) y la escritura debería llegar más tarde. Pero recuerdo un día recientemente que estaba deletreando los números del uno al 20 y después de ayudarle en varias ocasiones le dije que yo no podía hacer los deberes por él y que si no era capaz de acordarse o mirarlo en el libro, quizás es que debieran repasarlo en clase... Sin agobios, sin preguntar en el grupo de whasapp o mirarlo por internet. Creo que nuestro hijo ni siquiera es consciente de que participamos en ese canal de comunicación. 

El apocalipsis
El artículo que he enlazado al principio enlaza, a su vez, con otro de la vanguardia con una visión mucho más apocalíptica de lo malos padres que somos en esta generación y los grandes males que les traemos a nuestros hijos por ser padres helicóptero o apisonadoras. La verdad es que es un poco chocante porque, a pesar de los ejemplos americanos (que parece que nada nos sorprende ya del otro lado del charco), no parece haber contactado con la "otra parte", con los padres esos a los que acusa de ser tan "malvados" por acción o por omisión. Qué menos que contrastar ¿no? O tal vez como no es propaganda electoral no hay que dar voz por cuotas de representación :P

En fin, que lo que me ha venido a la cabeza después de todo esto es que son problemas que se gestan en la primera infancia, o en los albores de la paternidad de cada familia. Hoy en día vivimos en una ma/paternidad en la que el sentir general es que todo tiene que estar reglamentado:
- los bebés tienen que comer cada x horas,
- después tienen que dormir x horas,
- hay que cambiarles el pañal x veces al día,
- darles un baño diario,
- y estimularles durante x tiempo.
- Tienen que dormir en la habitación de sus padres hasta los 6 meses
- y a partir de entonces en su propio dormitorio.
- Tienen que comer 18 cereales a los 7 meses,
- y haber probado 4 clases distintas de pescado a los 11.
- Tienen que dejar el pañal cuando lo dice la educadora de la guardería
- y dar besos cuando lo dicen sus padres.

Y si cualquier niño se sale de esta normalidad, nosotros somos muy malos padres y tenemos que seguir métodos de re-enseñanza para quitarles las malas costumbres que han adquirido por malos hábitos. A nadie (o casi nadie) se le ocurre decirnos que eso es normal y que casi ningún niño cabe en ese esquema... un traje cultural diseñado para querubines cuasiperfectos que no les cuadra ni a los de los cuadros de lso museos.

Desempoderamiento aprendido
El desempoderamiento de los padre es tremendo. Nadie te dice que tienes opciones o corrientes entre las que elegir. Parece que las cosas solo se pueden hacer de una manera y si no consigues amoldarte a ese molde, fracasarás como padre y tus hijos te tomarán el pelo. Pero, casi lo peor de todo, es que NUNCA jamás de los jamases hay que hacerle caso al niño, que no sabe lo que hace ni lo que pide, sino que hay que habituarle a unos horarios, a unas comidas, a unas pautas.

El bebé es que casi ni siente ni padece y son los padres lo que deciden por él en todo momento. Pobre criaturita que se va a convertir en un adulto desgraciado sin oficio ni beneficio si le alimentamos a demanda o dejamos que él decida dónde y con quién quiere dormir o que elija su menú para comer en lugar de la papilla de turno.

A los padres se nos hace responsables de cada hipo de nuestro bebé y se nos hace vivirlo con angustia y con culpabilidad. Si le das teta porque así no sabemos cuánto come y si le das biberón porque le estás quitando los beneficios de la teta... Y así con cualquier cuestión relacionada con la crianza. Si es guapo es por casualidad, si es feo nosotros tenemos la culpa. Si se comporta bien es que es muy bueno, si se saca los mocos es que no le hemos sabido quitar ese hábito de raíz.

¿Existe la autorregulación?
Y si empezamos nuestra senda familiar convencidos de que nuestro hijo no sabe cuándo tiene hambre y que nosotros hemos de decidir por él... y si nos inculcan que nuestro hijo controlará el esfinter si le ponermos unos horarios y no por su maduración normal... ¿por qué nos sorprendemos de que los padres nos echemos encima la tarea de controlar los deberes y que estudien para los exámenes? Si parece que lo único que hemos aprendido en la ma/paternidad es a desconfiar de las habilidades y de la "autorregulación" de nuestros descendientes.

Así que si queremos cambiar el paradigma de la paternidad en la etapa escolar, debemos empezar por cambiar el paradigma en la primera infancia. Dejar de reglamentar y cronometrar a nuestros hijos, dejar de compararlos con gráficas de crecimiento o con los vecinos, dejar de culpabilizarnos por cosas que escapan a nuestro control y dar el salto de fe de empezar a creer en ellos, dejarles tomar las riendas y quitarnos el uniforme de guías y conductores para convertirnos en acompañantes y mentores.

martes, 28 de octubre de 2014

El Baby-Led Weaning en el cambio de paradigma de la crianza

Estamos en un momento de cambio de paradigma de la crianza... O al menos eso creemos muchas personas que nos relacionamos en las redes sociales y en la blogosfera, porque a veces salimos de nuestro pequeño mundo y nos damos de frente con la cruda realidad... Pero volviendo al optimismo, prosigo con un cambio de paradigma encaminado a reconocer y aceptar la crianza con apego, una tendencia que, con el respaldo de la neurobiología y otras ciencias, reconoce que las necesidades de los niños desde el inicio de la vida son reales y no caprichos que hay que negar para evitar que se conviertan en malcriados.

Cada día más madres amamantan durante más tiempo en el convencimiento de que hacen lo mejor para su bebé, le dan masajes, le llevan pegadito, le acompañan en sus noches... y a veces el sueño se rompe al llegar a la alimentación complementaria. El bebé rechaza los purés y aunque la madre le siga dando el pecho con alegría, no deja de preocuparse sobre si estará comiendo suficiente, estará bien alimentado, si lo está haciendo bien o mal y si debe obligarle o no.

La frontera de los seis meses
Los bebés no se despiertan el día que cumplen seis meses habiendo olvidado toda su capacidad de gestionar su alimentación. Siguen sabiendo comunicarse con su madre para pedirle su alimento principal y para demostrarle que ciertas cosas no les gustan. Intentan coger la cuchara de su madre o lo que está comiendo ¡¡¡Y luego cierran la boca cuando le sofrecen la cuchara de puré!!! Y claro, la pelota queda en el tejado de los padres, para lidiar con ella de la mejor manera posible conforme a sus conocimientos, cultura, consejos, presiones, etc.

El baby-led weaning o alimentación complementaria a demanda supone, en este sentido, un paso más en el reconocimiento de la sabiduría del bebé, de su capacidad de autoregulación. Cuando los padres abordan la alimentación complementaria como un diálogo entre iguales y no como una lucha de poder (o enseñanza) entre quien sabe más y quien tiene que aprender avanzan en el camino hacia el respeto hacia su pequeño. El bebé, además, se sentirá comprendido y apoyado, ya que esta nueva situación concuerda con todo lo vivido y aprendido anteriormente.

Aprendizaje en ambas direcciones
El mecanismo más poderoso de aprendizaje en la primera infancia es la imitación. Por eso, parece un contrasentido tratar de que un bebé haga algo que no tiene nada que ver con lo que hacemos los adultos. En el paradigma de la comida triturada el bebé se sienta solo en su trona y come a unos horarios que nada tienen que ver con los ritmos del resto de la familia (la mayoría de los bebés "comen" a las 12 y a esa hora mucho adultos acaban de terminar el almuerzo). En cambio, en el BLW el bebé comparte la comida con el resto de la familia, al mismo momento y disfrutando de la misma comida que aprende a comer por imitación. Mirará fijamente la boca del adulto e imitará el modo de coger los alimentos y de llevárselos a la boca y de masticarlos.

Un claro ejemplo de esto son los cubiertos. Los bebés que practican BLW piden los cubiertos ellos solos a una edad muy temprana (en torno a los 12 meses). Y no lo hacen por dejar mal a todos los que te critican por dejarle comer con las manos, sino que lo hace porque ve que es lo que hace el resto de la familia y él quiere participar de la experiencia completa.

El bebé que come triturados en un ambiente que no tiene nada que ver con la comida familiar no ve a sus padres siendo alimentados con una cuchara mientras alguien les hace fiestas. Y ese bebé querrá participar de la comida cuando vez a sus padres o hermanos mayores tan entretenidos y concentrados en algo que es TAN DIVERTIDO que lo repiten varias veces al día.

Los padres que practican el BLW aprenderán también de su bebé, porque la alegría y el gozo con el que comen los peques, con el que tocan las cosas, invita a los adultos a reflexionar sobre la comida, a elegir alimentos más saludables, a preparar comidas que también puedan comer con las manos junto con su peque, etc. Si nos dejamos llevar, los niños también tienen mucho que enseñarnos o redescubrirnos.

Doble destete
Carlos González afirma muchas veces que dar a los bebés papillas y triturados es como hacer un doble destete: el primero de la leche a los purés y el segundo de los purés a los sólidos. Es algo que no parece tener demasiado sentido. Además, y aunque no todo tiempo pasado siempre fue mejor, las batidoras no tienen tanto tiempo. ¿Cómo se organizaban las familias hace 100 años? ¿O hace 200?

Yo no dejo de pensar que la alimentación con triturados no deja de ser una extensión de un paradigma de puericultura altamente desconfiado en el bebé y altamente reglamentado. El paradigma en el que el bebé se alimenta con cantidades exactas de leche en intervalos regulares de tiempo controlados por un adulto tiene su consecuencia lógica en un sistema de introdución de los sólidos en el que también se desconfía de las capacidades del bebé (no sabe masticar / no comerá lo suficiente) y se miden milimétricamente las cantidades de purés y los alimentos que se van poniendo en ellos.

Así pues, cada día estoy más convencida de que el BLW supone un paso más en la instauración de un paradigma distinto de crianza. Es un sendero complicado que requiere quitarse prejuicios de encima pero también miedos e inseguridades y, además, hacer frente a los prejuicios ajenos de aquellos que todavía no los han superado. Es un camino duro que requiere informarse, pero también un camino sencillo si nos dejamos llevar y abandonamos el papel de guías infalibles. Puede resultar difícil, pero el disfrute es grande y duradero. ¿Nos acompañas?

lunes, 25 de agosto de 2014

Dos que son uno


Ilustración de Ivan Solbes.
Tengo una amiga que tiene problemas con su lactancia. Lleva con ellos desde el inicio y su vida se ha convertido en un peregrinar de médicos y visitas de amigas-asesoras de lactancia. Va al pediatra y a enfermería pediátrica para las cosas del pequeño y tiene que ir a su médico de familia y al laboratorio para sus analíticas de la leche.

Hoy en día, por ejemplo, son todavía demasiadas las madres que no son conscientes de la recomendación de tomar un suplemento de yodo mientras dure la lactancia. Una vez el pequeño sale del útero, parece que ya nadie se preocupa de la madre y muchas veces este punto se soslaya en una rápida visita posparto a la matrona o al ginecólogo.

El problema, según pensaba hoy, es que en realidad la lactancia es cosa de dos. Tiene dos protagonistas cuya salud se lleva desde dos ámbitos diferentes de la medicina y no hay ningún perfil profesional que se especialice en el cuidado de la diada madre bebé. Que sí, existen las doulas, las asesoras continuum o las consultoras de lactancia, que no dejan de ser figuras de asesoramiento y acompañamiento en la maternidad; pero ninguna de ellas es un profesional sanitario que esté capacitado, por ejemplo, para citar analíticas y cultivos y/o recetar medicamentos (ya sean para la mastitis o suplementos como el yodo).

Una mujer va a su pediatra, que mira la lactancia desde el punto de vista del bebé y le receta suplementos porque no ha ganado peso. Pero no le pregunta a la madre qué tal se siente, si le duele, si tiene grietas o algún malestar relacionado con la lactancia... En el fondo, ella no es su paciente. Prácticamente ningún pediatra se "acuerda" de o se "digna" a recordar a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo, aunque la mujer sea el medio por el que este suplemento llega a su paciente.

Esta misma mujer va a su médico de familia porque tiene grietas que no curan y dolor al amamantar, y este otro profesional tampoco se "acuerda" de o se "digna" a decirle a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo. En el fondo, el suplemento no es para ella. No digamos ya cuando le dice que no le puede recetar nada para su mastitis porque está amamantando o para cualquier otra dolencia ajena a la lactancia materna.

Vivimos en un mundo de ginecólogos, matronas, pediatras, médicos de familia, etc. en el que hemos compartimentalizado tanto el nacimiento y el cuidado del bebé que se olvida que el bebé no puede existir sin su madre. Se obvia que, como dice Nils Bergman, "para el bebé nada tiene sentido si no es desde el punto de vista del cuerpo de la madre".

Simbiosis
Biológicamente la madre y el bebé son una diada en continua interacción. Ambos viven en simbiosis durante los primeros años de vida del pequeño. No es para menos, porque, desde este punto de vista, los recién nacidos sin su madre están prácticamente condenados a muerte. Necesitan a su madre para que les alimente, para que les de calor, para que programe su cerebro, para que sea maestra y aprendiz, para que les enseñe en quién pueden confiar, para que les muestre que alimentos pueden comer y cuáles es mejor evitar.

Y es cierto que hoy en día no vivimos en una jungla. Pero nuestros cuerpos nacen y se desarrollan con la misma programación genética que hace miles de años cuando todavía vivíamos en cuevas y luchábamos día a día por la supervivencia. Y por eso, los bebés nacen sin saber que cuando le damos a un botón se enciende una luz o que ninguna fiera va a perturbar su sueño en la bonita cuna que le hemos preparado... Y se empeñan en seguir formando parte de la diada, de la simbiosis perfecta con su madre.

Por eso, para fomentando la lactancia, y para seguir cuidando no solo del nacimiento sino de todo lo que viene después, es necesario reclamar la existencia de profesionales y/o perfiles sanitarios sanitarios que den asistencia a la diada madre-bebé desde este punto de vista global. Que no solo sepan de percentiles y enfermedades infantiles, sino que también sepan de fiebres puerperales, problemas de lactancia, depresiones posparto o cuidados del suelo pélvico.

¿Matronas?
Habrá quien diga que esta figura ya existe. Que las matronas pueden hacer todo eso. Y es cierto que las matronas hoy en día saben de madres y de bebés. Que son las que dan "educación maternal" más allá de la preparación al parto y que incluso se preocupan por dar talleres de masaje infantil o por fomentar los grupos de madres.

Pero también parece que, a día de hoy, las matronas están en tantos "fregaos" que no se centran en ninguno y quizás habría que reinventar a las matronas o crear una nueva figura que combine matrona, doula, asesora de lactancia, asesora de porteo, enfermería pediátrica y conocimientos de neurociencia... Vamos, lo que viene siendo un profesional sanitario renacentista.

Y tú, ¿Cómo lo ves?

lunes, 18 de agosto de 2014

Tenía que pasar

Seis meses han pasado ya desde que naciste, con momentos que se han hecho eternos (esas noches interminables en el hospital) y otros que han pasado volando. Hoy reíamos juntos, te mecía, jaleaba, besaba y me regocijaba en tus carcajadas y sonrisas, en tus miradas sencillas de confianza plena y me asombraba de todo lo que hemos pasado hasta llegar hasta aquí... De ese camino que se inició hace ya casi tres años en el que has estado tan cerca y tan lejos y en el que hemos ganado a Pequeña Flor y al Chico Invisible, esas dos almas que nos acompañan desde su estrella y nos convierten en una familia de siete.

Y mientras te levantaba en volandas y me deleitaba en tu suavidad y en la resonancia limpida y cristalina de tus sonrisas he descubierto que tenía que pasar. Que todo lo que nos ha ido llevando hasta aquí ha sido necesario para que yo pueda dar lo mejor de mí y llevarte de la mano por esta carrera de obstáculos que estamos superando juntos.

En ese momento he sido plenamente consciente de que nuestra lactancia se hubiera ido al garete si no hubiera tenido la experiencia de Darío y de Diana, pero también la de Pequeña Flor y la de tantas y tantas madres a las que he acompañado y que me han prestado un poquito de ellas para ir creciendo y aprendiendo cada día más sobre sabiduría maternal. Si no hubiera visto a la pequeña Rocío mamar del pecho de su madre y de la sonda al mismo tiempo no hubiera tenido tan claro qué hacer mientras te daba el suplemento en esos primeros días de rechazo del pecho. Si no hubiera presenciado con ojos extasiados cada succión de Efrain en el pecho de su madre no hubiera sido consciente de que casi todos los obstáculos son nimios con amor, apoyo y convencimiento. Si tus hermanos no hubieran crecido sanos y felices con mi leche, no hubiera tenido el aplomo de contestar "Sí, tengo" a las preguntas de "¿Tienes leche?".

He entendido, también, que el dormir juntos hubiera sido también imposible sin el aprendizaje de tu hermana, el gozo de tu hermano y el hueco constante de Pequeña Flor. Cuando naciste tenía claro que era una necesidad, un placer, no para ti, sino para mí. Por eso estabas siempre en brazos y dormiste casi todas las horas posibles en una cuna de carne y hueso mientras estábamos en el hospital. Te he ansiado tanto en los breves momentos eternos en las que no he podido estar contigo, que tenía claro que no íbamos a recuperar el tiempo perdido nunca, pero que íbamos a hacer contar cada minuto sin que se nos escurriera entre las manos.

Y el porteo ¿Qué me dices? ¿Recuerdas cuando no podías comer antes de tu operación? Me sentí inmensa y poderosa cuando llevándote en tu bandolera conseguí que pasaras el trance de no entender por qué tu madre te negaba el pecho y lograras volver a dormirte sintiéndote arropado y querido. Me sentí tranquila y sosegada cuando ese sueño te duró hasta que vinieron a buscarte a las puertas del quirófano, porque te marchaste querido y amado de mi lado para volver un poquito más sano, un poquito más fuerte. Si dormir cada día a tu lado es maravilloso, si disponer de dos pechos que te alimentan, te acarician y te consuelan es embriagador, sentir tu cabecita pegada a mi pecho, escuchar tus suspiros de placer y tu respiración sosegada y rítmica y notar como te rindes a Morfeo sabiendo que estás en el mejor lugar del mundo termina de convencerme de que tenía que pasar. Estamos hechos el uno para el otro, Erik.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Los vampiros y las asesoras de lactancia

En el mundo de la asesoría hay un debate cíclico que surge cada cierto tiempo por distintas esferas y siempre con la misma temática: el dinero. Puede ser una agria polémica porque hay gente enriqueciéndose por hacer un examen que certifica como consultora de lactancia. Porque hay quien afirma que las asesoras de lactancia tienen mucho morro al decir que la leche de fórmula es un negocio porque hay gente que cobra por ayudar con la lactancia. O puede ser otra polémica más enconada todavía sobre si la asesoría de lactancia debe ser voluntariado o se puede cobrar por determinados servicios (como las visitas domiciliarias).

El otro día estaba viendo un capítulo de Buffy Cazavampiros... De ahí el título del post; no voy a escribir de vampiros mentales ni nada de eso. En la historia Buffy está sin un duro, su madre ha muerto hace poco y le ha dejado una magra herencia y una hermana adolescente a la que mantener y en unos meses la casa se ha "chupado" todo el dinero.

Anya (una ex-demonio convertida en humana y apasionada del dinero) le dice que tiene la solución a sus problemas: "Cobra por matar vampiros" le dice... Y el resto del grupo se le echa encima diciendo que lo que hace Buffy es un servicio a la comunidad y que no puede cobrar por ello, que lo hace por el bien común.

Y ahí se queda la pobre Buffy, que no puede trabajar de día porque está patrullando por las noches para matar a los malvados vampiros, con su casa hecha una ruina y una hermana a la que mantener y sin ninguna fuente de ingresos. La salvación de la humanidad que ha evitado en varias temporadas el apocalipsis mundial se ve abocada a vivir en la indigencia... Pero oye, que ella sigue teniendo que salvar el mundo, que para eso es "la Cazavampiros".

Yo me moría de risa al ver este capítulo, porque de triste que es la situación termina siendo cómica. Y más después de leer los debates sobre las asesoras de lactancia y si deben cobrar o no... Además, visto así, no podía dejar de pensar que Buffy todavía tenía muchas ventajas respecto a las asesoras de lactancia:
  • Giles, su Watcher (no se si lo han traducido como guía o mentor o vigilante o qué en castellano), no la cobra por sus servicios... ¡¡¡Menos mal!!! Todavía hay asesoras que aparte de dedicar su tiempo voluntariamente a asesorar tienen que pagar cuotas por ser socias de su asociación.
  • Giles, su mentor, no la cobra por enseñarla. Las asesoras de lactancia en muchos casos se tienen que pagar los cursos para aprender a asesorar de su propio bolsillo.
  • A Buffy los superpoderes le vienen de serie con el título de "slayer", no tiene que andar por ahí comprando libros para aprenderlos o pagándose cursos y congresos para tener super-fuerza y curación ultrarrápida (que vendrían a ser como las habilidades de comunicación y la dinámica de grupos para una asesora).
  • Buffy no tiene que resolver los problemas de inocentes que han ido a su "mata-demonios profesional" de la seguridad social o privado y han salido sin resolver su problema o con otros nuevos creados.
  • Buffy no tiene a inocentes que la reclaman que vaya a su casa a matar a sus demonios. Ella, al menos, puede elegir qué batallas quiere luchar.
  • Buffy, cobre o no cobre, tampoco se va a enfrentar a reclamaciones o demandas por haber hecho mal su trabajo... Total, si fracasa, llega el apocalipsis y nadie va a estar para andar de juzgados.
Así que Buffy, chica, estás muy mal... Pero en el fondo tampoco está tan mal la cosa como la pintan. Yo te aconsejaría que te acercaras al Ayuntamiento de Sunnydale (ahora que el alcalde malvado ya murió, recuerda que lo mataste tú) y pide a ver si tienen alguna ayudita o subvención en la partida de prevenir el apocalipsis por sexto o séptima vez y a ver si así puedes arreglar la tuberías de tu casa y librarte del sótano inundado, que te van a crecer branquias.

Y si eso no funciona, como consejo de amiga, te diría que buscaras al "Fontanero elegido", el predestinado para arreglar tuberías malditas y apretar tuercas insondables para ver si considera tu caso digno de su atención.

La comida antes de los 6 meses

Descubriendo la experiencia "manzana".
Hoy otro post sobre Baby-Led Weaning. Estoy en racha con el tema. La oportunidad "la pintan calva" y el hecho de tener a un pequeño descubridor en casa hace que el tema esté al orden del día. En este post quiero hablar sobre si se debe ofrecer o no comida a los bebés antes de los seis meses.

La recomiendación de la Asociación Española de Pediatría, la Academia Americana de Pediatría o la Organización Mundial de la Salud nos la sabemos todos: lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y como sustento principal hasta el año complementada con otros alimentos. Así pues, en principio, no se debería dar nada de comer a los bebés antes de los seis meses.

Parece que la idea no da para mucho... Pero sí que da. Y es que los bebés que son criados "en brazos" de sus padres, que comparten la hora de la comida con mamá o con papá, ya sea en sus rodillas o en la teta, que ven a sus hermanos disfrutar llevándose cosas a la boca, suelen demandar formar parte de esa experiencia mucho antes de los seis meses.

Equipamiento completo
En mi experiencia, y por lo que me cuentan otros papás, estos bebés que están a la altura de la mesa a la hora de la comida empiezan a "echar mano" a la comida en torno a los cinco meses. En esa etapa ya manejan las manos con más o menos precisión y las pueden usar para "manipular" su entorno, cogiendo cosas y llevándolas a su principal órgano táctil: la boca.

En la foto del post de ayer, podéis ver la instántanea del primer trozo de melón que me "robó" Erik en torno a los cinco meses de edad. Tenía todo lo necesario para hacerlo:
  • Estar en el sitio adecuado (mis rodillas).
  • En el momento adecuado (la hora de la comida).
  • El manejo apropiado de las manos.
  • La curiosidad por el mundo que le rodea y los objetos que manipulamos los demás.
  • La boca como órgano táctil más desarrollado.
Así que, ni corto ni perezoso, se hizo con un gran trozo de melón y lo estuvo baboseando y chupando durante un buen rato. Sus hermanos se tronchaban de risa y yo buscaba el teléfono para inmortalizar su primera incursión en el Baby-Led Weaning.

¿Se lo debemos permitir?
Muchas veces los padres me preguntan si le deben permitir al bebé comer antes de los seis meses o si le deben quitar la comida. Es una situación realmente angustiosa, sobre todo cuando vas pregonando por ahí eso de "lactancia hasta los seis meses" y llega tu bebé a llevarte la contraria delante de todo el mundo.

Yo nunca les digo que ni sí, ni no ni todo lo contrario. Les ofrezco opciones y las opciones que a mí se me ocurren cuando un bebé de cinco meses demanda participar en la hora de la comida son las siguientes:
  • Ofrecerle un juguete a la hora de la comida para que pueda manipular y tocar y chupar como el resto y que se sienta incluido con los demás.
  • Lo mismo que lo anterior pero en lugar de con un juguete con algo que estén usando los demás, como una cuchara o un vaso de plástico. Esto es especialmente adecuado para los bebés más perspicaces que no se dejan timar con el "sonajero" de siempre.
  • Lo mismo que lo anterior pero con algo de comida.
En el fondo, cuando dejamos al alcance de un bebé de cinco meses algo de comida no estamos esperando que la coma o que se "inicie" en la alimentación complementaria; estamos esperando que juegue con ella y que la use para seguir desarrollando sus habilidades psicomotrices y su socialización.

El primer juguete
"Con la comida no se juega". Es algo que tenemos muy arraigado en nuestra sociedad y que es difícil de superar porque nos lo han repetido hasta la saciedad. Sin embargo, cuando usamos el BLW como aproximación a la alimentación complementaria de nuestro bebé tenemos que pensar justo lo contrario: la comida no es comida, sino un juguete.

Cuando pensamos que una manzana es comida, reducimos todas sus dimensiones a solo una: comida. Y afrontamos la experiencia manzana simplemente pensando si la comeremos a mordiscos, la pelaremos o la lavaremos, si la partiremos o si nos haremos un zumo o si la guardamos para hacer tarta de manzana.

Sin embargo, esa misma manzana en las manos de un bebé supone toda una experiencia de aprendizaje:
  • Tiene que descubrir si necesita manejarla con dos manos o con una sola.
  • Se hace una idea aproximada de su peso y de cuanta fuerza necesita para levantarla en comparación con sus otros juguetes.
  • La aprieta para descubrir si es firme o cede a la presión.
  • Determina si es resbaladiza.
  • La explora con los labios para descubrir su textura y sabor.
  • La mueve por la mesa para descubrir si rueda o no.
  • La chupa por arriba y por abajo (los bebés son expertos en dar con el rabito -si se lo dejamos a la manzana- a la primera).
  • Investiga como suena al lanzarla sobre la mesa, trona o al suelo,
  • Etc.
¿Quién dijo que las manzanas eran aburridas? Yo después de todo esto tengo claro que el mejor regalo para la carta de Reyes Magos no es un costoso juego de esos de los  que la letra pequeña informa que valen más de 60 €... No, más bien una modesta manzana de a 20 céntimo la unidad puede ofrecer las mismas emociones, aprendizajes y descubrimientos que el juguete más caro diseñado por sesudos pedagogos.

Y tu peque ¿Cuándo empezó a interesarse por la comida?

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