lunes, 25 de agosto de 2014

Dos que son uno


Ilustración de Ivan Solbes.
Tengo una amiga que tiene problemas con su lactancia. Lleva con ellos desde el inicio y su vida se ha convertido en un peregrinar de médicos y visitas de amigas-asesoras de lactancia. Va al pediatra y a enfermería pediátrica para las cosas del pequeño y tiene que ir a su médico de familia y al laboratorio para sus analíticas de la leche.

Hoy en día, por ejemplo, son todavía demasiadas las madres que no son conscientes de la recomendación de tomar un suplemento de yodo mientras dure la lactancia. Una vez el pequeño sale del útero, parece que ya nadie se preocupa de la madre y muchas veces este punto se soslaya en una rápida visita posparto a la matrona o al ginecólogo.

El problema, según pensaba hoy, es que en realidad la lactancia es cosa de dos. Tiene dos protagonistas cuya salud se lleva desde dos ámbitos diferentes de la medicina y no hay ningún perfil profesional que se especialice en el cuidado de la diada madre bebé. Que sí, existen las doulas, las asesoras continuum o las consultoras de lactancia, que no dejan de ser figuras de asesoramiento y acompañamiento en la maternidad; pero ninguna de ellas es un profesional sanitario que esté capacitado, por ejemplo, para citar analíticas y cultivos y/o recetar medicamentos (ya sean para la mastitis o suplementos como el yodo).

Una mujer va a su pediatra, que mira la lactancia desde el punto de vista del bebé y le receta suplementos porque no ha ganado peso. Pero no le pregunta a la madre qué tal se siente, si le duele, si tiene grietas o algún malestar relacionado con la lactancia... En el fondo, ella no es su paciente. Prácticamente ningún pediatra se "acuerda" de o se "digna" a recordar a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo, aunque la mujer sea el medio por el que este suplemento llega a su paciente.

Esta misma mujer va a su médico de familia porque tiene grietas que no curan y dolor al amamantar, y este otro profesional tampoco se "acuerda" de o se "digna" a decirle a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo. En el fondo, el suplemento no es para ella. No digamos ya cuando le dice que no le puede recetar nada para su mastitis porque está amamantando o para cualquier otra dolencia ajena a la lactancia materna.

Vivimos en un mundo de ginecólogos, matronas, pediatras, médicos de familia, etc. en el que hemos compartimentalizado tanto el nacimiento y el cuidado del bebé que se olvida que el bebé no puede existir sin su madre. Se obvia que, como dice Nils Bergman, "para el bebé nada tiene sentido si no es desde el punto de vista del cuerpo de la madre".

Simbiosis
Biológicamente la madre y el bebé son una diada en continua interacción. Ambos viven en simbiosis durante los primeros años de vida del pequeño. No es para menos, porque, desde este punto de vista, los recién nacidos sin su madre están prácticamente condenados a muerte. Necesitan a su madre para que les alimente, para que les de calor, para que programe su cerebro, para que sea maestra y aprendiz, para que les enseñe en quién pueden confiar, para que les muestre que alimentos pueden comer y cuáles es mejor evitar.

Y es cierto que hoy en día no vivimos en una jungla. Pero nuestros cuerpos nacen y se desarrollan con la misma programación genética que hace miles de años cuando todavía vivíamos en cuevas y luchábamos día a día por la supervivencia. Y por eso, los bebés nacen sin saber que cuando le damos a un botón se enciende una luz o que ninguna fiera va a perturbar su sueño en la bonita cuna que le hemos preparado... Y se empeñan en seguir formando parte de la diada, de la simbiosis perfecta con su madre.

Por eso, para fomentando la lactancia, y para seguir cuidando no solo del nacimiento sino de todo lo que viene después, es necesario reclamar la existencia de profesionales y/o perfiles sanitarios sanitarios que den asistencia a la diada madre-bebé desde este punto de vista global. Que no solo sepan de percentiles y enfermedades infantiles, sino que también sepan de fiebres puerperales, problemas de lactancia, depresiones posparto o cuidados del suelo pélvico.

¿Matronas?
Habrá quien diga que esta figura ya existe. Que las matronas pueden hacer todo eso. Y es cierto que las matronas hoy en día saben de madres y de bebés. Que son las que dan "educación maternal" más allá de la preparación al parto y que incluso se preocupan por dar talleres de masaje infantil o por fomentar los grupos de madres.

Pero también parece que, a día de hoy, las matronas están en tantos "fregaos" que no se centran en ninguno y quizás habría que reinventar a las matronas o crear una nueva figura que combine matrona, doula, asesora de lactancia, asesora de porteo, enfermería pediátrica y conocimientos de neurociencia... Vamos, lo que viene siendo un profesional sanitario renacentista.

Y tú, ¿Cómo lo ves?

lunes, 18 de agosto de 2014

Tenía que pasar

Seis meses han pasado ya desde que naciste, con momentos que se han hecho eternos (esas noches interminables en el hospital) y otros que han pasado volando. Hoy reíamos juntos, te mecía, jaleaba, besaba y me regocijaba en tus carcajadas y sonrisas, en tus miradas sencillas de confianza plena y me asombraba de todo lo que hemos pasado hasta llegar hasta aquí... De ese camino que se inició hace ya casi tres años en el que has estado tan cerca y tan lejos y en el que hemos ganado a Pequeña Flor y al Chico Invisible, esas dos almas que nos acompañan desde su estrella y nos convierten en una familia de siete.

Y mientras te levantaba en volandas y me deleitaba en tu suavidad y en la resonancia limpida y cristalina de tus sonrisas he descubierto que tenía que pasar. Que todo lo que nos ha ido llevando hasta aquí ha sido necesario para que yo pueda dar lo mejor de mí y llevarte de la mano por esta carrera de obstáculos que estamos superando juntos.

En ese momento he sido plenamente consciente de que nuestra lactancia se hubiera ido al garete si no hubiera tenido la experiencia de Darío y de Diana, pero también la de Pequeña Flor y la de tantas y tantas madres a las que he acompañado y que me han prestado un poquito de ellas para ir creciendo y aprendiendo cada día más sobre sabiduría maternal. Si no hubiera visto a la pequeña Rocío mamar del pecho de su madre y de la sonda al mismo tiempo no hubiera tenido tan claro qué hacer mientras te daba el suplemento en esos primeros días de rechazo del pecho. Si no hubiera presenciado con ojos extasiados cada succión de Efrain en el pecho de su madre no hubiera sido consciente de que casi todos los obstáculos son nimios con amor, apoyo y convencimiento. Si tus hermanos no hubieran crecido sanos y felices con mi leche, no hubiera tenido el aplomo de contestar "Sí, tengo" a las preguntas de "¿Tienes leche?".

He entendido, también, que el dormir juntos hubiera sido también imposible sin el aprendizaje de tu hermana, el gozo de tu hermano y el hueco constante de Pequeña Flor. Cuando naciste tenía claro que era una necesidad, un placer, no para ti, sino para mí. Por eso estabas siempre en brazos y dormiste casi todas las horas posibles en una cuna de carne y hueso mientras estábamos en el hospital. Te he ansiado tanto en los breves momentos eternos en las que no he podido estar contigo, que tenía claro que no íbamos a recuperar el tiempo perdido nunca, pero que íbamos a hacer contar cada minuto sin que se nos escurriera entre las manos.

Y el porteo ¿Qué me dices? ¿Recuerdas cuando no podías comer antes de tu operación? Me sentí inmensa y poderosa cuando llevándote en tu bandolera conseguí que pasaras el trance de no entender por qué tu madre te negaba el pecho y lograras volver a dormirte sintiéndote arropado y querido. Me sentí tranquila y sosegada cuando ese sueño te duró hasta que vinieron a buscarte a las puertas del quirófano, porque te marchaste querido y amado de mi lado para volver un poquito más sano, un poquito más fuerte. Si dormir cada día a tu lado es maravilloso, si disponer de dos pechos que te alimentan, te acarician y te consuelan es embriagador, sentir tu cabecita pegada a mi pecho, escuchar tus suspiros de placer y tu respiración sosegada y rítmica y notar como te rindes a Morfeo sabiendo que estás en el mejor lugar del mundo termina de convencerme de que tenía que pasar. Estamos hechos el uno para el otro, Erik.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Los vampiros y las asesoras de lactancia

En el mundo de la asesoría hay un debate cíclico que surge cada cierto tiempo por distintas esferas y siempre con la misma temática: el dinero. Puede ser una agria polémica porque hay gente enriqueciéndose por hacer un examen que certifica como consultora de lactancia. Porque hay quien afirma que las asesoras de lactancia tienen mucho morro al decir que la leche de fórmula es un negocio porque hay gente que cobra por ayudar con la lactancia. O puede ser otra polémica más enconada todavía sobre si la asesoría de lactancia debe ser voluntariado o se puede cobrar por determinados servicios (como las visitas domiciliarias).

El otro día estaba viendo un capítulo de Buffy Cazavampiros... De ahí el título del post; no voy a escribir de vampiros mentales ni nada de eso. En la historia Buffy está sin un duro, su madre ha muerto hace poco y le ha dejado una magra herencia y una hermana adolescente a la que mantener y en unos meses la casa se ha "chupado" todo el dinero.

Anya (una ex-demonio convertida en humana y apasionada del dinero) le dice que tiene la solución a sus problemas: "Cobra por matar vampiros" le dice... Y el resto del grupo se le echa encima diciendo que lo que hace Buffy es un servicio a la comunidad y que no puede cobrar por ello, que lo hace por el bien común.

Y ahí se queda la pobre Buffy, que no puede trabajar de día porque está patrullando por las noches para matar a los malvados vampiros, con su casa hecha una ruina y una hermana a la que mantener y sin ninguna fuente de ingresos. La salvación de la humanidad que ha evitado en varias temporadas el apocalipsis mundial se ve abocada a vivir en la indigencia... Pero oye, que ella sigue teniendo que salvar el mundo, que para eso es "la Cazavampiros".

Yo me moría de risa al ver este capítulo, porque de triste que es la situación termina siendo cómica. Y más después de leer los debates sobre las asesoras de lactancia y si deben cobrar o no... Además, visto así, no podía dejar de pensar que Buffy todavía tenía muchas ventajas respecto a las asesoras de lactancia:
  • Giles, su Watcher (no se si lo han traducido como guía o mentor o vigilante o qué en castellano), no la cobra por sus servicios... ¡¡¡Menos mal!!! Todavía hay asesoras que aparte de dedicar su tiempo voluntariamente a asesorar tienen que pagar cuotas por ser socias de su asociación.
  • Giles, su mentor, no la cobra por enseñarla. Las asesoras de lactancia en muchos casos se tienen que pagar los cursos para aprender a asesorar de su propio bolsillo.
  • A Buffy los superpoderes le vienen de serie con el título de "slayer", no tiene que andar por ahí comprando libros para aprenderlos o pagándose cursos y congresos para tener super-fuerza y curación ultrarrápida (que vendrían a ser como las habilidades de comunicación y la dinámica de grupos para una asesora).
  • Buffy no tiene que resolver los problemas de inocentes que han ido a su "mata-demonios profesional" de la seguridad social o privado y han salido sin resolver su problema o con otros nuevos creados.
  • Buffy no tiene a inocentes que la reclaman que vaya a su casa a matar a sus demonios. Ella, al menos, puede elegir qué batallas quiere luchar.
  • Buffy, cobre o no cobre, tampoco se va a enfrentar a reclamaciones o demandas por haber hecho mal su trabajo... Total, si fracasa, llega el apocalipsis y nadie va a estar para andar de juzgados.
Así que Buffy, chica, estás muy mal... Pero en el fondo tampoco está tan mal la cosa como la pintan. Yo te aconsejaría que te acercaras al Ayuntamiento de Sunnydale (ahora que el alcalde malvado ya murió, recuerda que lo mataste tú) y pide a ver si tienen alguna ayudita o subvención en la partida de prevenir el apocalipsis por sexto o séptima vez y a ver si así puedes arreglar la tuberías de tu casa y librarte del sótano inundado, que te van a crecer branquias.

Y si eso no funciona, como consejo de amiga, te diría que buscaras al "Fontanero elegido", el predestinado para arreglar tuberías malditas y apretar tuercas insondables para ver si considera tu caso digno de su atención.

La comida antes de los 6 meses

Descubriendo la experiencia "manzana".
Hoy otro post sobre Baby-Led Weaning. Estoy en racha con el tema. La oportunidad "la pintan calva" y el hecho de tener a un pequeño descubridor en casa hace que el tema esté al orden del día. En este post quiero hablar sobre si se debe ofrecer o no comida a los bebés antes de los seis meses.

La recomiendación de la Asociación Española de Pediatría, la Academia Americana de Pediatría o la Organización Mundial de la Salud nos la sabemos todos: lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y como sustento principal hasta el año complementada con otros alimentos. Así pues, en principio, no se debería dar nada de comer a los bebés antes de los seis meses.

Parece que la idea no da para mucho... Pero sí que da. Y es que los bebés que son criados "en brazos" de sus padres, que comparten la hora de la comida con mamá o con papá, ya sea en sus rodillas o en la teta, que ven a sus hermanos disfrutar llevándose cosas a la boca, suelen demandar formar parte de esa experiencia mucho antes de los seis meses.

Equipamiento completo
En mi experiencia, y por lo que me cuentan otros papás, estos bebés que están a la altura de la mesa a la hora de la comida empiezan a "echar mano" a la comida en torno a los cinco meses. En esa etapa ya manejan las manos con más o menos precisión y las pueden usar para "manipular" su entorno, cogiendo cosas y llevándolas a su principal órgano táctil: la boca.

En la foto del post de ayer, podéis ver la instántanea del primer trozo de melón que me "robó" Erik en torno a los cinco meses de edad. Tenía todo lo necesario para hacerlo:
  • Estar en el sitio adecuado (mis rodillas).
  • En el momento adecuado (la hora de la comida).
  • El manejo apropiado de las manos.
  • La curiosidad por el mundo que le rodea y los objetos que manipulamos los demás.
  • La boca como órgano táctil más desarrollado.
Así que, ni corto ni perezoso, se hizo con un gran trozo de melón y lo estuvo baboseando y chupando durante un buen rato. Sus hermanos se tronchaban de risa y yo buscaba el teléfono para inmortalizar su primera incursión en el Baby-Led Weaning.

¿Se lo debemos permitir?
Muchas veces los padres me preguntan si le deben permitir al bebé comer antes de los seis meses o si le deben quitar la comida. Es una situación realmente angustiosa, sobre todo cuando vas pregonando por ahí eso de "lactancia hasta los seis meses" y llega tu bebé a llevarte la contraria delante de todo el mundo.

Yo nunca les digo que ni sí, ni no ni todo lo contrario. Les ofrezco opciones y las opciones que a mí se me ocurren cuando un bebé de cinco meses demanda participar en la hora de la comida son las siguientes:
  • Ofrecerle un juguete a la hora de la comida para que pueda manipular y tocar y chupar como el resto y que se sienta incluido con los demás.
  • Lo mismo que lo anterior pero en lugar de con un juguete con algo que estén usando los demás, como una cuchara o un vaso de plástico. Esto es especialmente adecuado para los bebés más perspicaces que no se dejan timar con el "sonajero" de siempre.
  • Lo mismo que lo anterior pero con algo de comida.
En el fondo, cuando dejamos al alcance de un bebé de cinco meses algo de comida no estamos esperando que la coma o que se "inicie" en la alimentación complementaria; estamos esperando que juegue con ella y que la use para seguir desarrollando sus habilidades psicomotrices y su socialización.

El primer juguete
"Con la comida no se juega". Es algo que tenemos muy arraigado en nuestra sociedad y que es difícil de superar porque nos lo han repetido hasta la saciedad. Sin embargo, cuando usamos el BLW como aproximación a la alimentación complementaria de nuestro bebé tenemos que pensar justo lo contrario: la comida no es comida, sino un juguete.

Cuando pensamos que una manzana es comida, reducimos todas sus dimensiones a solo una: comida. Y afrontamos la experiencia manzana simplemente pensando si la comeremos a mordiscos, la pelaremos o la lavaremos, si la partiremos o si nos haremos un zumo o si la guardamos para hacer tarta de manzana.

Sin embargo, esa misma manzana en las manos de un bebé supone toda una experiencia de aprendizaje:
  • Tiene que descubrir si necesita manejarla con dos manos o con una sola.
  • Se hace una idea aproximada de su peso y de cuanta fuerza necesita para levantarla en comparación con sus otros juguetes.
  • La aprieta para descubrir si es firme o cede a la presión.
  • Determina si es resbaladiza.
  • La explora con los labios para descubrir su textura y sabor.
  • La mueve por la mesa para descubrir si rueda o no.
  • La chupa por arriba y por abajo (los bebés son expertos en dar con el rabito -si se lo dejamos a la manzana- a la primera).
  • Investiga como suena al lanzarla sobre la mesa, trona o al suelo,
  • Etc.
¿Quién dijo que las manzanas eran aburridas? Yo después de todo esto tengo claro que el mejor regalo para la carta de Reyes Magos no es un costoso juego de esos de los  que la letra pequeña informa que valen más de 60 €... No, más bien una modesta manzana de a 20 céntimo la unidad puede ofrecer las mismas emociones, aprendizajes y descubrimientos que el juguete más caro diseñado por sesudos pedagogos.

Y tu peque ¿Cuándo empezó a interesarse por la comida?

martes, 12 de agosto de 2014

BLW: Alimentos que NO hay que retrasar

¡¡¡Al rico melón veraniego!!!
Una de las principales dudas de cualquier padre a la hora de iniciar la alimentación complementaria es el orden en el que dar los alimentos. Siempre que hago un taller de Baby-Led Weaning la mayoría de los asistentes se queda muy sorprendido cuando les digo que no hay manera mejor ni peor de empezar. No hay evidencia científica que respalde empezar por cereales, o por fruta, o por verdura, o mezclando alimentos de los diferentes grupos.

De hecho, en cada cultura se hace de manera diferentes y los "mandamientos" de un centro de salud difieren completamente de los de otro centro de salud de la misma localidad... ¡¡¡Incluso los pediatras de un mismo centro de salud dan indicaciones diferentes para comenzar!!!

Otra sorpresa que les aguarda a los padres que hablan conmigo sobre alimentación complementaria a demanda es cuando les digo que en realidad no es necesario retrasar la introducción de ningún alimento para evitar las alergias. Tal y como nos explica fenomenalmente el nutricionista Julio Basulto:
Si aplicamos la lógica, parece sensato retrasar la aparición de los alimentos potencialmente alergénicos en la dieta del bebé. Sin embargo, la lógica no siempre coincide con las pruebas científicas. En este caso, tal y como indican hoy las principales asociaciones de pediatría, y como confirmó en mayo de 2010 una revisión publicada en Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, es innecesario demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos en bebés. De hecho, incluso podría ser contraproducente. Lo verdaderamente relevante es la progresión, es decir, hacerlo poco a poco (siempre a partir de los 6 meses de edad) para comprobar la tolerancia del bebé. Si al día siguiente de incorporar una novedad en su dieta, el niño sigue bien, adelante con otra.
Fuente: El rincón de Julio Basulto en el blog La Sirena.
¿También el huevo?
Pero ¿Y el huevo? ¿las fresas? ¿el melocotón? Pues el hecho de retrasar su introducción en la dieta del bebé no implica que vayamos a evitar la alergia, sino más bien al contrario. La Academia Americana de Pediatría recomendó en el año 2000 retrasar la introducción de alimentos potencialmetne alergénicos en bebés con riesgo de padecer alergia. Este consejo estaba basado en la opinión de expertos, ya que no existía evidencia científica al respecto... Y la recomendación destinada a bebés de alto riesgo (antecedentes familiares, enfermedades, etc.) se generalizó para todos los bebés.

En cambio, desde esta recomenación, se han ido acumulando estudios e investigaciones que han ido demostrando que el restraso de la introducción de estos alimentos no solo no es beneficioso, sino que incluso podría llegar a ser perjudicial. Un buen ejemplo de ello es el gluten. Hace años se recomendaba retrasar su introducción hasta los 8 o 9 meses, pero después de la epidemia de celiaquía registrada en Suecia después de esta recomendación, se descubrió que era perjudicial y hoy en día se recomienda introducirlo a los seis meses y poco a poco.

Un artículo de la Sociedad Pediátrica Canadiense resume muy bien la evidencia al respecto y menciona estudios que demuestran que la alergia a los cacahuetes se triplico en el Reino Unido durante el periodo en el que se recomendaba retrasar la introducción de este fruto seco en la dieta de los bebés. Una investigación australiana concluyó que el retraso en la introducción del huevo aumenta las tasas de alergia frente a la introducción entre los 4 y los seis meses.

Con todos estos datos en la mano, la Academia Americana de Pediatría (que parece ser el espejo en el que se mirán el resto de "patronales" del sector) estableción en sus recomendaciones de 2008 que no había evidencia convincente de que retrasar la introducción de alimentos sólidos (incluyendo cacahuete, huevo y pescado) más allá del periodo de 4 a 6 meses no tiene ningún efecto protector frente a las alergias.

¿Y entonces qué?
Lo cierto es que, ante la falta de evidencia, son los padres los que deben decidir qué alimentos dar y cuáles no dar a los bebés, siguiendo las pautas alimentarias de una dieta saludable y las costumbres familiares. Conviene recordar que la introducción de la alimentación complementaria se hace a los seis meses para completar el aporte de hierro al lactante, ya que se estima que es en este periodo cuando se comienzan a agotar las reservas del nacimiento.

Entonces, parece conveniente elegir los alimentos más ricos en hierro para iniciar la alimentación complementaria del bebé, como la carne o el huevo. Tampoco parecería demasiado conveniente retrasar el pescado hasta el año, cuando es una de las pocas fuentes de ácidos grasos omega3 que son tan necesarios para el correcto desarrollo del bebé (dichas grasas también están presentes en la leche materna, pero si la alimentación complementaria va sustituyendo poco a poco un porcentaje de la ingesta de leche materna sería necesario que existiera también un aporte adecuado de omega3 también en la dieta sólida). 

En este artículo tenéis una guía de los alimentos que hay que evitar y una explicación de los porqués.


Reacciones adversas y formatos
Los alimentos, por tanto, deben introducirse paulatinamente y estando siempre atentos a una posible reacción adversa en el bebé. En cuanto a los sintomas de alerta, citamos de nuevo a Julio Basulto, que los explica a la perfección:
En la mayor parte de casos, los primeros síntomas de una alergia en la infancia aparecen o en la piel o en el tracto gastrointestinal, poco después de tomar determinados alimentos. En la piel se suele observar urticaria, bultos en la piel o enrojecimientos. En el sistema digestivo pueden aparecer edemas en labios, lengua, paladar o garganta (un edema es una hinchazón blanda, que cede a la presión), pero también vómitos, náuseas, dolor abdominal, diarrea e incluso, en ocasiones, heces con restos de sangre. (...) Ante la duda, acude a tu pediatra: es importante un buen diagnóstico.


Volviendo a mi experiencia personal hablando a otros padres de Baby-Led Weaning, la mayoría se quedan en un estado de shock prácticamente después de escuchar todo esto, ya que no tiene nada que ver con todo lo que han venido oyendo hasta entonces.

Yo aquí meto el razonamiento de mi propia cosecha, más allá de nutricionistas y de escuelas de pediatría. Cuando se "educa" a los padres para dar purés se les inculca la nula capacidad de decisión del bebé y es el experto (pediatra y/o enfermero) y los padres los que deciden los alimentos que deben comer, en qué orden y las cantidades. El padres al que se confía la importante misión de sentar los cimientos para una correcta alimentación de su retoño lo hace con dedicación, pasión y entrega y si tiene que hacer el avión, el tren o la bicicleta para que su hijo se tome la cucharada de puré lo hará.

Entonces ¿Crees que la reacción alérgica será de iguales proporciones si embutimos al bebé 250 ml de papilla salga el sol por donde salga y sin tener en cuenta sus signos de rechazo y saciedad que si dejamos que sea el bebé el que se autorregule y el que decida si quiere comer un alimento o no?

Las personas que tienen alergia suelen detectar que una comida contiene un alérgeno porque le pica en la boca. El bebé que aprende a detectar ese picor y lo acepta como lo que es (un síntoma de alarma)y normalmente, rechazará ese alimento espontáneamente. El padre que deja que su bebé tome la iniciativa verá que el pequeño ignora las fresas o el huevo en repetidas ocasiones y dejará de ofrecérselo. Así de simple es la diferencia entre un método u otro. Entre dejar que el bebé tome las riendas o dejar que otros decidan por él.

Y ¿Nosotros como aplicamos todo esto? Pues a la canadiense. El otro día Erik cumplió seis meses y lo celebramos ofreciéndole una rica tortilla francesa que cenamos en familia ¡¡¡Llamadme inconsciente!!! :P

lunes, 4 de agosto de 2014

¿Cuánto comen los bebés amamantados?


Una de las preguntas recurrentes en cualquier conversación sobre lactancia es ¿Cómo sé que mi bebé está comiendo suficiente? y sus distintas variaciones. Entre ellas destaca la de ¿Cuánta leche toma un bebé de X meses?, duda que acosa a las madres que van a volver al trabajo y quieren tener claro que dejarán a su hijo leche suficiente para que no pase hambre durante su ausencia.

Existe la sensación generalizada de que el pecho debe emular las indicaciones de los botes de leche de fórmula, cuando en realidad debería ser al revés. Pensamos que si los señores que han diseñado esos polvos en un laboratorio tienen claro lo que debe comer un bebé según su edad, los expertos en lactancia materna deberían saberlo igual.

Pero nada más lejos de la realidad. Igual que dos adultos de la misma edad pueden comer cantidades muy diferentes a lo largo del día, dos bebés nacidos exactamente el mismo día pueden tener patrones de alimentación completamente distintos.

En el 9º Simposio Internacional de Lactancia Materna la doctora Jacqueline Kent realizó una ponencia muy reveladora con datos sobre la definición de normalidad en los patrones de amamantamiento de los bebés. Kent comenzó afirmando que los indicadores tradicionales que usamos para calcular la idoneidad de la toma son la saciedad, el agarre adecuado, los patrones de succión, la presencia de sonidos de deglucción, la duracción de los brotes de succión o los cambios en el tamaño de la mama. Aúna sí, señaló, todos ellos tienen poca fiabilidad como indicadores de la ingesta total del bebé.

Para superar esta falta de datos, Kent y su equipo diseñaron un estudio transversal en que reclutaron a 71 madres australianas con lactancia materna exclusiva
y bebés de entre 1 y 6 meses a los que amamantaba "a demanda". Cada madre tenía que pesar a su bebé antes y después de cada toma y recoger muestras de leche antes y después de cada sesión de amamantamiento. En un programa informático tenían que apuntar le fecha y la hora, el pecho del que comían y otros factores. Al final del día, el programa calculaba la ingesta total de cada bebé.

Entre las principales conclusiones de este estudio (Volume and Frequency of Breastfeedings and Fat Content of Breast Milk Throughout the Day), que se publicó en la revista Pediatrics en 2006, destaca que la normalidad del amamantamiento presenta una gran variabilidad. En su ponencia del Simposio Internacional de Lactancia Materna, Kent destacó que el 30% de los bebés se alimenta de un pecho en cada toma e ingiere una media de 787 ml al día, mientras que el 13% de los bebés toma los dos pechos en cada toma e ingiere una media al día de 750 mililítros. "Los datos indican que no hay diferencias significativas en la ingesta total de leche entre los bebés que toman de un pecho y los que lo hacen de los dos", subrayó. El resto de los bebés (57%) toman a veces un pecho, a veces de los dos e, incluso, algunas veces vuelven al primero después de haber tomado del segundo.

¿Cuánta leche produce el pecho?
Según los datos obtenidos en el estudio:
  • Es normal que el pecho derecho y el izquierdo produzcan cantidades diferentes de leche.
  • La media de leche extraída de un pecho en una toma es de 76 ml   (con un rango de normalidad de entre 0 y 240 ml).
  • La media de leche ingerida en una sesión de amamantamiento es de 101 ml (con un rango de normalidad de entre 0 y 350 ml). 
  • La ingesta total de leche de un día varía entre 500 ml y 1.200 ml.
Tomas nocturnas
El estudio de Kent también aborda la distribución de las tomas durante el día y en este área la principal conclusión es que "las tomas nocturnas son normales incluso más allá de los seis meses". Los datos apuntan a que el 66% de los bebés (incluyendo a los mayores de 6 meses) siguen realizando al menos una toma nocturna, considerando las tomas nocturnas las que se realizan entre las 10 de la noche y las 4 de la madrugada.

"Los bebés que no amamantan por la noche realizan su mayor toma por la mañana", señaló Kent. Y las tomas nocturnas son realmente importantes, ya que para algunos bebés suponen entre el 20% y el 22% de la ingesta total del día.

¿Cuándo se vacía el pecho?
Muchas veces las madres reciben indicaciones sobre el tiempo que deben dejar a su bebé en cada tiempo, poniendo así límites a la demanda del bebé. Los datos recabados por Kent y el equipo de investigadores australianos determina que los bebés sueltan el pecho cuando han tenido suficiente y no cuando el pecho se ha vaciado. De hecho, los pequeños suelen tomar en torno al 67% del total de la leche del pecho y solo lo vacían del todo una vez al día.
En cuanto al tiempo normal al pecho, la duración de las tomas oscila entre 10 y 90 minutos (incluyendo succión nutritiva y no nutritiva).

Ingesta de grasa
Otra gran duda que tienen muchas madres a la hora de abordar su lactancia es cómo asegurarse de que su bebé está tomando la "leche del final", por eso que nos cuentan de que la leche del pricipio es más líquida y la del final más grasa. Pues bien, como ya hemos visto los bebés no se "terminan" el pecho, sino que lo sueltan cuando están saciados y vacían el 67% del pecho, así en un gran número de ocasiones no llegarían a ese "hipotético final".

Pues bien, el estudio de Kent confirma que no hay un cambio brusco en el porcentaje de grasa de la leche, sino que el cambio es gradual y se produce durante toda la tetada, en función de la capacida de almacenamiento del pecho y la leche disponible. En cualquier caso, es el bebé el que elige entre tomarla toda o solo una parte. Los datos del estudio confirman que los bebés que hacen 4 o 5 tomas al día y los que están todo el día en la teta ingieren un porcentaje similar de grasa (entre 15 y 50 gramos al día).

Evolución por meses
Con el objetivo de descartar que las diferencias observadas se debieran a las diferentes edades de los bebés, Kent y su equipo realizaron un segundo estudio (Longitudinal Changes in Breastfeeding Patterns from 1 to 6 Months of Lactation), este longitudinal, para observar las variaciones en el comportamiento al pecho según el bebé va creciendo. En dicha investiación, se observó que entre el primer y el tercer mes se redujo tanto el número de tomas (de 7,6 a 6,6 al día) como la duración de las mismas (de 36 a 29 minutos) con un aumento de la cantidad media de leche consumida (de 106 a 126 ml). Entre el tercer y el sexto mes, la frecuencia y la cantidad de leche ingerida en cada toma permaneceiron constates, mientras que la duración disminuyó hasta los 23 minutos.

Sin embargo, druante todo el periodo de lactancia materna exclusiva estudiado (1-6 meses), la cantidad total de leche consumida al día permaneció constante, con un promedio de 808 ml. +

Así pues, la realidad es que los bebés amamantados tienen un patrón de alimentación que está muy alejado de las normas impresas en los botes de leche de fórmula y no parece deseable ni realista intentar forzar a los bebés a que imiten estos patrones. Tampoco es deseable ni realista intentar alargar o acortar las tomas, espaciarlas o hacerlas más frecuentes ya que los que tienen claro lo qué quieren y cuándo lo quieren son los bebés.

Aprovecho estas líneas para felicitar a todas las madres lactantes pasadas, presentes y futuras en la Semana Mundial de la Lactancia Materna que se celebra durante estos días.





jueves, 24 de julio de 2014

Por miedo o por amor

Ser madre de tres es complicado. Nadie mejor que este blog para atestiguarlo, que colecciona su buena cantidad de telarañas desde que Erik nació de lo "abandonaito" que lo tengo. El día a día resulta muy absorbente y si los post se escribieran con solo pensarlos, publicaría tres o cuatro veces al día... Pero todavía no he encontrado la forma de hacerlo.

Hoy quería hablaros de una reflexión reciente. Una de esas ideas que te gustaría que se escribieran solas, directamente del cerebro al blog, sin pasar por el tamiz del ordenador y el teclado... Y es que cuando esa idea persiste y persiste y sigue rondando tu cabeza, finalmente entiendes que hasta que no la plasmes en palabras no te dejará tranquila. Y la idea es si debemos hacer las cosas por miedo o por amor.

Con el mayor de mis tres hijos tenemos días conflictivos en los que se junta que él está poco colaborador con que nosotros estamos cansados y que en verano, al estar más tiempo juntos, es inevitable que surjan más roces. En nuestra casa tenemos pocas normas que, en realidad se traducen en una muy básica: Nos respetamos. Y eso implica que no nos pegamos, no nos gritamos, no nos insultamos, nos tratamos bien, etc. Nos respetamos.

Después de un día especialmente tenso de esos en los que acabarías lanzando las cosas al aire y perdiendo ese respeto que pregonas por tus propios hijos, y después de desfogarme con una buena sesión de limpieza (algo bueno tienen que tener estos cabreos), terminé pensando en esto mismo: ¿Por qué nos respetamos? ¿Por miedo o por amor? Porque en ese arranque de cabreo tremendo me habían entrado ganas de sacar la mano a pasear y soltar una torta a mi hijo... sí, ya lo sé, yo misma estaría incumpliendo el "nos respetamos" al usar la violencia... Pero realmente lo que me hizo pararme a reflexionar era de qué quería que dependiera la buena convivencia de mi hogar: ¿Del miedo? ¿o del amor?

Porque con los castigos o los golpes, los niños acaban obedeciendo por miedo. No aprenden que las cosas no se hacen porque no son buenas o porque son una falta de respeto a la integridad de los demás, sino que aprenden que "si me pillan me pegan" y "cuando eres mayor está bien pegar".

Y yo no quiero que eso suceda en mi familia. Desgraciadamente lo he vivido... Y si al hilo de la vilencia obstétrica hace tiempo leí que alguien decía que no se recuerda el dolor sino que se recuerda el miedo, de mi infancia no recuerdo el dolor o la torta concreta, pero tengo grabado a fuego el miedo. Y, desde luego, no quiero que esa sea la vivencia de ninguno de mis hijos y no se la deseo a ningún niño del mundo. Porque si el miedo es terrible, es peor todavía cuando te lo inflinge alguien en quien confías y lo hace "por tu propio bien".

Después de reflexionar sobre todo esto, y ya más relajada, tuve una charla con mi hijo. Le conté que nos respetamos porque nos queremos, y que, aunque cuando nos enfadamos nos sale la ira por todas partes, tenemos que hacer un esfuerzo por recordar que queremos a la otra persona porque así es más fácil evitar los insultos, los gritos o las malas contestaciones.

Recurso al miedo
Y, después de rumiar durante todos estos días esta disyuntiva entre el miedo y el amor, pues al final me la llevo también al terreno de la lactancia. Muchas veces usamos argumentos del tipo "riesgos de la leche de fórmula" o "repercusiones sobre el vínculo" o todo tipo de perjuicios si no das el pecho. Y aunque la información está ahí para todo el que la quiera ver y no haya que ponerse vendas o paños calientes innecesarios, también es cierto que el recurso al miedo no deja de ser injusto. Una artimaña o una estratagema para que se haga lo que nosotros creemos correcto.

Y, como dice Carlos González, el pecho no se da por sus beneficios o porque prevenga el cáncer, sino que se da porque se disfruta, por AMOR. Y amamantar es una acto infinito de amor y de entrega incondicional de una madre hacia su retoño. Un compromiso que se renueva infinitas veces al día y que es gratificante para ambas partes de la relación. Es cierto que puede haber problemas e inicios complicados, pero cuando esas madres superan sus problemas esa sonrisa, esas mejillas sonrosadas llenas de oxitocina, esos ojos brillantes, son un fiel reflejo de ese AMOR. Y es que la lactancia es un acto de entrega placentera y el bebé se encarga también de activar nuestros circuitos del amor y del bienestar, contribuyendo a la secrección de dopamina que nos gratifica de nuevo.

La lactancia es un circuito cerrado de amor, en el que madre y bebé dan tanto como reciben y cada uno aporta un poco más, convirtiéndolo en una espiral infinita y creciente de afecto y entrega por ambas partes. Por eso, si estás esperando un bebé, si vas a iniciar tu lactancia en breve, mi consejo es que te informes, que te acerques a los grupos de apoyo de tu zona, que localices a madres que te puedan contar tu experiencia, pero, sobre todo, que abraces con júbilo, y no con miedo, el camino que tienes por delante. Porque todo lo que se hace por amor siempre es bueno y lo que se hace por miedo (al que dirán, a las enfermedades, a la obesidad, al cáncer, a los riesgos de la leche de fórmula) no siempre lo es.

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