miércoles, 6 de mayo de 2015

10 cosas que aprendí gracias al BLW


1. Disfrutar diariamente de una buena conversación a la hora de comer. Cuando tienes claro que quieres que tu bebé comparta el tiempo de la comida, empieza a resultar fundamental enseñarle lo que hacen los adultos a la hora de la comida y empiezas a interesarte por hablar más con tu pareja o con tus otros hijos, sacar más temas de los que hablar y a convertir la comida en un acto de encuentro y reencuentro entre todos los miembros de la fmilia.

2. Redescubrir el gusto por los alimentos básicos. Ver como tu bebé disfruta chupando y rechupeteando un pepino te invita a ir a la nevera para coger uno para ti mismo. Te descubrirás comiendo tomate sin aliñar o relamiéndote ante la perspectiva de mordisquear una crujiente zanahoria cruda.

3. Volver a comer con las manos. En el mundo adulto parece que es muy cool y fashion comer en un cocktail con una servilletita en la mano y un canapé en la otra, pero a los niños les decimos que no se come con las manos. Gracias al BLW he redescubierto platos fáciles y sencillos para comer con las manos como crudités de verdura para mojar en una salsa, pan con hummus o brochetas de uva y queso. ¿Cuál es tu receta de finger food preferida?

4. Recuperar las recetas de siempre. Lo que más valora en el mundo tu hijo es que te sientes a comer con él y que disfrutéis juntos del momento. Pasar en la cocina largas horas para hacer platos superimaginativos solo te lleva a frustrarte cuando tu hijo no reacciona en consonancia con todo tu esfuerzo. Así que olvídate de las albóndigas de pescado con salsa de arándanos y crujiente de jamón y vuelve a las cosas sencillas y sanas que no requieren tiempo y con las que toda la familia se relame igualmente: unas alitas de pollo al horno, una crema de calabacín, arroz integral con un huevo frito y salsa de tomate, patatas guisadas...

5. Leer a fondo las recetas de los alimentos en el supermercado. Cuando tenemos hijos, queremos lo mejor para ellos y muchas veces pasa por leer a fondo las recetas de los productos cuando hacemos la compra. Después de quince minutos de investigación en el supermercado, ya conozco la marca de mayonesa que usa aceite de oliva en su composición o el yogur de fresa que tengo que evitar porque lleva más azúcar que fresas.

6. Desconfiar del márketing de los fabricantes de alimentos procesados. Te venden el Danonino como un producto muy saludable que lleva queso y frutas, pero cuando lees los ingredientes ves que lleva más azúcar que frutas. Cuando te informas sobre las bases de una alimentación saludable, enseguida ves que lo supuestos cereales de desayuno saludables son una bomba de azúcar, por muchas vitaminas añadidas y que lo mejor es limitar su uso al máximo posible. ¿Recuerdas el famoso eslogan "leche, cacao, avellanas y azúcar"? Sonaba genial ¿verdad? Pues imagínatelo ahora con los ingredientes reales de la Nutella en orden de importancia: azúcar, manteca de palma, avellanas y cacao desgrasado. No suena igual, ¿verdad? Por si te lo preguntas, ahí van el resto de los ingredientes: cacao desgrasado  leche desnatada en polvo (6,6%), suero lácteo en polvo, emulgentes: lecitinas (soja), vainillina.

7. Conocer las bases de una alimentación saludable y aplicarlas para toda la familia. Porque lo mejor que le podemos dar a nuestro bebé es un buen ejemplo, cuando empezamos a practicar el BLW nos empapamos de información sobre la pirámide alimenticia y alimentos saludables... Y lo ponemos en marcha para toda la familia para que nuestro pequeño aprenda por imitación. Le cuidamos y nos cuidamos.

8. Técnicas de negociación zen con abuelas y en fiestas de guardar. Cuando decides priorizar los alimentos saludables en la alimentación de tu pequeño, los eventos sociales se convierten en una carrera de obstáculo para evitar que familiares y amigos empapucen a tu peque de patatas fritas, gusanitos y chuches. Lo bueno es que desarrollas un sexto-sentido antichuches y técnias de negociación ninja para enfrentarte tanto a abuelas recalcitrantes como a niños con subidón de azúcar.

9. Improvisar una comida fuera de casa sin preocupaciones. Con mi primer hijo era casi imposible improvisar una comida fuera de casa a no ser que tuviera un puré preparado o un super/farmacia para comprar un potito de urgencias. Ahora puedo salir a comer a cualquier sitio sin preocuparme de llevar algo especial para que coma mi bebé porque siempre tengo opciones a mi alcance en cualquier restaurante.

10. La mejor hora del baño. Que extrañamente no es antes de la cena, sino más bien después de la comida o después de la cena.

domingo, 3 de mayo de 2015

La maternidad que merecemos en 20 pasos

Después de mi sequía bloguera, me reestrené escribiendo para el blog de Elena este post que en principio iba sobre lactancia, contacto y porteo en niños hospitalizados y terminó siendo algo diferente.

Quería seguir profundizando en el tema y me dí cuenta que los niños "hospitalizados" en el fondo son casi todos los niños, pues van a nacer en un hospital y en el mejor de los casos en dos días estarán fuera. Pero ese inicio de la vida en una institución sanitaria marca el principio del camino, para ellos y para nosotras.

Y, pensando, pensando, me dio por pensar que se podría hacer para que estos días sean más "amigables" con las madres y con los bebés y con el inicio de la vida que se mercen y aquí va mi lista de requisitos para una "maternidad ideal", la maternidad que mereces, la maternidad que merecemos, unos principios que estaría bien que leyeran los gestores de muchos hospitales para ponerse las pilas de verdad y ofrecer un comienzo digno de la vida a nuestros bebés y de nuestra maternidad a las madres y a las familias. Muchas de ellas no requieren grandes inversiones de dinero ni instalaciones complejas, sino, simplemente, cambiar el enfoque y la mentalidad en la atención a las familias que nacen en ese entorno.
  1. En la mejor maternidad del mundo, al entrar no tendrías que pasar un triaje de urgencias y podrías entrar directamente a la maternidad. Las embarazadas no somos enfermas ni accidentadas y tenemos muy claro a donde vamos.
  2. En la mejor maternidad del mundo, en la sala donde te atendieran para valorar el estadio del parto, habría sillas cómodas, espacio de sobra para una embarazada con tripa y su pareja. En lugar de una pared alicatada y llena de hojas con turnos y notas internas, habría paredes más cálidas, luces menos agresivas y cuadros con imágenes bellas sobre el parto y la maternidad, que inspiren tranquilidad y confianza en lo que está por llegar. En esa misma sala (y entiendo que es un lugar de trabajo), el instrumental, sueros y medicamentos, estarían guardados en mobiliario rápidamente accesible, contribuyendo así a que la futura madre mantenga la tranquilidad y la confianza.
  3. En la mejor maternidad del mundo, todos los carteles de pelotas de pilates y de monitorización sin cables se corresponderían escrupulosamente con la experiencia  real de la embarazda, sin dejar al libre albedrío del personal de turno si lo ofrecen o no.  Alardear de algo que no es real tiende a poner de mala leche a la parturienta,  que además se ve en la tesitura de tener que exigirlo sin la sonrisa de oreja a oreja que tiene la señora del dibujito.
  4. En la mejor maternidad del mundo, nada más llegar lo primero sería revisar rápidamente el plan de parto y, en caso de que la mujer no lo haya preparado, ofrecerle una guía rápida donde pueda elegir entre los distintos métodos de alivio del dolor, preferencias de posición para el expulsivo, acompañamiento, etc.
  5. En la mejor maternidad del mundo, todo el personal estaría formado en técnicas de comunicación y calidad en la atención al cliente, desde ginecólogos, pasando por matronas y anestesistas y terminando en el personal de limpieza. No quiero saber cuándo te toca librar mientras me pones el monitor, no quiero que me llames bonita. Todo el mundo trata a las mujeres como a adultas capaces de tomar sus propias decisiones y eso pasa porque te molestes en leer mi nombre y no me llames señora, parturienta o puerpera y que tampoco hables de mi como si no estuviera delante.
  6. No voy a hablar de verticalidad, tiempos,  ni nada de eso que para eso ya está la estrategia de atención al parto normal.
  7. En la mejor maternidad del mundo entienden que mi dignidad como persona y como paciente está muy ligada a la vestimenta. En la maternidad perfecta me animarían a llevar ropa con la que esté cómoda. Me orientarían sobre las necesidades del personal que me va a atender en cuanto a vestimenta para que las tenga en cuenta, pero con libertad de elección para elegir mi propia ropa. En la maternidad ideal tienen claro que los pijamas de estampado de puntos o de color verde que rascan y exfolian son horribles y odiosos.
  8. En la mejor maternidad del mundo, olvidarían el engendro del márketing que son las bragas desechables, que solo sirven para engordar la cuenta de beneficios de algunas marcas. Son incómodas, pican y aprietan. Estoy acostumbrada a sangrar por mi vagina y prefiero mil veces hacerlo con una compresa y unas bragas de algodón que con lo mismo y unas desechables.
  9. En la mejor maternidad del mundo, después de nacer en un entorno tranquilo y cálido, todo el personal se retiraría discretamente después del nacimiento del pequeño para dejar que la madre y el niño disfruten de sus diez primeros minutos de intimidad juntos. No tendrían prisas por coser desgarros ni por traccionar placentas. El test de Apgar se haría sin invadir el espacio vital. Todo lo demás puede esperar, pero estos minutos nunca volverán.
  10. En la mejor maternidad del mundo, la madre, el padre y el bebé van a una habitación especial durante las seis primeras horas de vida del pequeño, sin acceso a visitas ni a familiares. Pero con acceso directo a una consejera de lactancia que está a total disposición de esa mujer para acompañarla en el correcto establecimiento de la lactancia.
  11. En la mejor maternidad del mundo, también se atiende de manera exquisita las pérdias gestacionales o perinatales. Las madres que han perdido a su bebé, cuentan con un espacio especial donde se enfrentan al proceso y a la elaboración de su duelo sin escuchar los sonidos de los monitores fetales de otras madres o los llantos de los bebés. Las madres que han perdido a sus bebés disponen de la misma intimidad y los mismos espacios acogedores que las madres de bebés vivos y sanos. Las familias que se enfrentan a la muerte de un hijo cuentan con el apoyo de personal especializado y disponen de todo el tiempo que necesiten para despedir a su bebé. Su duelo se anima y se valida.
  12. En la mejor maternidad del mundo, las únicas "ayuditas" que se recetan al bebé son sesiones de media hora con consultoras especializadas en lactancia que trabajarán en empoderar a la madre para conseguir la lactancia que ella quiera.
  13. En la mejor maternidad del mundo, nadie da consejos anticuados ni equívocos sobre temas tan importantes como la lactancia materna a demanda o el cuidado del bebé. De hecho, en esta maternidad hay carteles informativos y al alta la madre se lleva folletos y guías que le habrán explicado previamente para resolver cualquier duda que pueda tener.
  14. En la mejor maternidad del mundo, las madres son animadas a sostener a sus hijos en piel con piel todo el tiempo posible, poniendo a su alcance todos los medios necesarios para facilitar este contacto. Además, se las informa sobre las ventajas del contacto cercano para el bebé durante su primera infancia.
  15. En la mejor maternidad del mundo, las enfermeras y el resto del personal advierten a los padres sobre la necesidad de intimidad de la madre y el bebé y les ofrecen estrategias para limitar las visitas de familiares y amigos y hacer que sean lo menos molestas posibles para la madre y el bebé.
  16. En la mejor maternidad del mundo, se organizan grupos de apoyo para que las madres cuenten su experiencia y compartan dudas y temores entre iguales y se anima a participar tanto a las mujeres como a los hombres.
  17. En la mejor maternidad del mundo, ningún miembro del personal se ríe de la madre cuando expresa sus dudas sobre temas tan mundanos como la forma de las uñas del pie de su hijo. Se valora su duda y su preocupación y se la informa sin paternalismos ni condescendencias.
  18. En la mejor maternidad del mundo, no existe sala nido ni ningún lugar similar. Todas las técnicas y revisiones se le realizan al bebé encima de su madre. El baño del bebé lo realiza la madre o el padre, con ayuda del personal si la familia lo solicita. Tampoco hay salas de lactancia, ya que todas las madres tienen a su disposición sacaleches que poder llevar a su habitación para poder realizar la extracción sin prisas, sin esperas y de la manera más confortable posible.
  19.  En la mejor maternidad del mundo, el personal colaboraría con los grupos de apoyo a la lactancia y, además de las consultoras de lactancia entre el personal sanitario, contarían con la figura de la asesora de lactancia para cuando la madre lo requiera. Además, al alta, se la animaría a ponerse en contacto con los grupos de apoyo a la lactancia de su zona.
  20. En la mejor maternidad del mundo, la familia se iría de alta habiendo cambiado temores por confianza, con una lactancia bien establecida y enfrentándose con optimismo al camino que les espera por delante.

viernes, 31 de octubre de 2014

Métodos de crianza y roles paternos

Hoy he leído dos artículos que me han "removido" bastante neuronas y sentimientos internos. Todo ha empezado siguiendo en Facebook este enlace que publicaban dos de mis contactos. Y no podía estar más de acuerdo en muchas de las cosas que decía. En casa tenemos los roles a nuestro aire y el que está en el grupo de whasapp del cole es mi marido, que me va contanto las aventuras y desventuras de por allí. Muchas de ellas, como cuenta la madre del artículo, relacionadas con deberes, tareas, etc.

A nosotros nos resulta un poco sorprendente porque con Darío lo único que hacemos al respecto es preguntarle si tiene tareas y pedirle que las haga antes de ponerse a jugar con otras cosas para que así no se agobie a última hora si se le han olvidado. Y normalmente es él el que saca la carpeta después de comer y se pone por su cuenta. A veces nos pregunta algo o nos dice que no lo entiende y su padre o yo nos acercamos a ver si le podemos ayudar a entenderlo mejor. Otras veces, con inglés sobre todo, nos pregunta sobre la grafía de una palabra. Nuestra política en este sentido es ayudarle un poco porque entendemos que es un segundo idioma complicado en el que lo más importante es adquirir el habla (y el oído) y la escritura debería llegar más tarde. Pero recuerdo un día recientemente que estaba deletreando los números del uno al 20 y después de ayudarle en varias ocasiones le dije que yo no podía hacer los deberes por él y que si no era capaz de acordarse o mirarlo en el libro, quizás es que debieran repasarlo en clase... Sin agobios, sin preguntar en el grupo de whasapp o mirarlo por internet. Creo que nuestro hijo ni siquiera es consciente de que participamos en ese canal de comunicación. 

El apocalipsis
El artículo que he enlazado al principio enlaza, a su vez, con otro de la vanguardia con una visión mucho más apocalíptica de lo malos padres que somos en esta generación y los grandes males que les traemos a nuestros hijos por ser padres helicóptero o apisonadoras. La verdad es que es un poco chocante porque, a pesar de los ejemplos americanos (que parece que nada nos sorprende ya del otro lado del charco), no parece haber contactado con la "otra parte", con los padres esos a los que acusa de ser tan "malvados" por acción o por omisión. Qué menos que contrastar ¿no? O tal vez como no es propaganda electoral no hay que dar voz por cuotas de representación :P

En fin, que lo que me ha venido a la cabeza después de todo esto es que son problemas que se gestan en la primera infancia, o en los albores de la paternidad de cada familia. Hoy en día vivimos en una ma/paternidad en la que el sentir general es que todo tiene que estar reglamentado:
- los bebés tienen que comer cada x horas,
- después tienen que dormir x horas,
- hay que cambiarles el pañal x veces al día,
- darles un baño diario,
- y estimularles durante x tiempo.
- Tienen que dormir en la habitación de sus padres hasta los 6 meses
- y a partir de entonces en su propio dormitorio.
- Tienen que comer 18 cereales a los 7 meses,
- y haber probado 4 clases distintas de pescado a los 11.
- Tienen que dejar el pañal cuando lo dice la educadora de la guardería
- y dar besos cuando lo dicen sus padres.

Y si cualquier niño se sale de esta normalidad, nosotros somos muy malos padres y tenemos que seguir métodos de re-enseñanza para quitarles las malas costumbres que han adquirido por malos hábitos. A nadie (o casi nadie) se le ocurre decirnos que eso es normal y que casi ningún niño cabe en ese esquema... un traje cultural diseñado para querubines cuasiperfectos que no les cuadra ni a los de los cuadros de lso museos.

Desempoderamiento aprendido
El desempoderamiento de los padre es tremendo. Nadie te dice que tienes opciones o corrientes entre las que elegir. Parece que las cosas solo se pueden hacer de una manera y si no consigues amoldarte a ese molde, fracasarás como padre y tus hijos te tomarán el pelo. Pero, casi lo peor de todo, es que NUNCA jamás de los jamases hay que hacerle caso al niño, que no sabe lo que hace ni lo que pide, sino que hay que habituarle a unos horarios, a unas comidas, a unas pautas.

El bebé es que casi ni siente ni padece y son los padres lo que deciden por él en todo momento. Pobre criaturita que se va a convertir en un adulto desgraciado sin oficio ni beneficio si le alimentamos a demanda o dejamos que él decida dónde y con quién quiere dormir o que elija su menú para comer en lugar de la papilla de turno.

A los padres se nos hace responsables de cada hipo de nuestro bebé y se nos hace vivirlo con angustia y con culpabilidad. Si le das teta porque así no sabemos cuánto come y si le das biberón porque le estás quitando los beneficios de la teta... Y así con cualquier cuestión relacionada con la crianza. Si es guapo es por casualidad, si es feo nosotros tenemos la culpa. Si se comporta bien es que es muy bueno, si se saca los mocos es que no le hemos sabido quitar ese hábito de raíz.

¿Existe la autorregulación?
Y si empezamos nuestra senda familiar convencidos de que nuestro hijo no sabe cuándo tiene hambre y que nosotros hemos de decidir por él... y si nos inculcan que nuestro hijo controlará el esfinter si le ponermos unos horarios y no por su maduración normal... ¿por qué nos sorprendemos de que los padres nos echemos encima la tarea de controlar los deberes y que estudien para los exámenes? Si parece que lo único que hemos aprendido en la ma/paternidad es a desconfiar de las habilidades y de la "autorregulación" de nuestros descendientes.

Así que si queremos cambiar el paradigma de la paternidad en la etapa escolar, debemos empezar por cambiar el paradigma en la primera infancia. Dejar de reglamentar y cronometrar a nuestros hijos, dejar de compararlos con gráficas de crecimiento o con los vecinos, dejar de culpabilizarnos por cosas que escapan a nuestro control y dar el salto de fe de empezar a creer en ellos, dejarles tomar las riendas y quitarnos el uniforme de guías y conductores para convertirnos en acompañantes y mentores.

martes, 28 de octubre de 2014

El Baby-Led Weaning en el cambio de paradigma de la crianza

Estamos en un momento de cambio de paradigma de la crianza... O al menos eso creemos muchas personas que nos relacionamos en las redes sociales y en la blogosfera, porque a veces salimos de nuestro pequeño mundo y nos damos de frente con la cruda realidad... Pero volviendo al optimismo, prosigo con un cambio de paradigma encaminado a reconocer y aceptar la crianza con apego, una tendencia que, con el respaldo de la neurobiología y otras ciencias, reconoce que las necesidades de los niños desde el inicio de la vida son reales y no caprichos que hay que negar para evitar que se conviertan en malcriados.

Cada día más madres amamantan durante más tiempo en el convencimiento de que hacen lo mejor para su bebé, le dan masajes, le llevan pegadito, le acompañan en sus noches... y a veces el sueño se rompe al llegar a la alimentación complementaria. El bebé rechaza los purés y aunque la madre le siga dando el pecho con alegría, no deja de preocuparse sobre si estará comiendo suficiente, estará bien alimentado, si lo está haciendo bien o mal y si debe obligarle o no.

La frontera de los seis meses
Los bebés no se despiertan el día que cumplen seis meses habiendo olvidado toda su capacidad de gestionar su alimentación. Siguen sabiendo comunicarse con su madre para pedirle su alimento principal y para demostrarle que ciertas cosas no les gustan. Intentan coger la cuchara de su madre o lo que está comiendo ¡¡¡Y luego cierran la boca cuando le sofrecen la cuchara de puré!!! Y claro, la pelota queda en el tejado de los padres, para lidiar con ella de la mejor manera posible conforme a sus conocimientos, cultura, consejos, presiones, etc.

El baby-led weaning o alimentación complementaria a demanda supone, en este sentido, un paso más en el reconocimiento de la sabiduría del bebé, de su capacidad de autoregulación. Cuando los padres abordan la alimentación complementaria como un diálogo entre iguales y no como una lucha de poder (o enseñanza) entre quien sabe más y quien tiene que aprender avanzan en el camino hacia el respeto hacia su pequeño. El bebé, además, se sentirá comprendido y apoyado, ya que esta nueva situación concuerda con todo lo vivido y aprendido anteriormente.

Aprendizaje en ambas direcciones
El mecanismo más poderoso de aprendizaje en la primera infancia es la imitación. Por eso, parece un contrasentido tratar de que un bebé haga algo que no tiene nada que ver con lo que hacemos los adultos. En el paradigma de la comida triturada el bebé se sienta solo en su trona y come a unos horarios que nada tienen que ver con los ritmos del resto de la familia (la mayoría de los bebés "comen" a las 12 y a esa hora mucho adultos acaban de terminar el almuerzo). En cambio, en el BLW el bebé comparte la comida con el resto de la familia, al mismo momento y disfrutando de la misma comida que aprende a comer por imitación. Mirará fijamente la boca del adulto e imitará el modo de coger los alimentos y de llevárselos a la boca y de masticarlos.

Un claro ejemplo de esto son los cubiertos. Los bebés que practican BLW piden los cubiertos ellos solos a una edad muy temprana (en torno a los 12 meses). Y no lo hacen por dejar mal a todos los que te critican por dejarle comer con las manos, sino que lo hace porque ve que es lo que hace el resto de la familia y él quiere participar de la experiencia completa.

El bebé que come triturados en un ambiente que no tiene nada que ver con la comida familiar no ve a sus padres siendo alimentados con una cuchara mientras alguien les hace fiestas. Y ese bebé querrá participar de la comida cuando vez a sus padres o hermanos mayores tan entretenidos y concentrados en algo que es TAN DIVERTIDO que lo repiten varias veces al día.

Los padres que practican el BLW aprenderán también de su bebé, porque la alegría y el gozo con el que comen los peques, con el que tocan las cosas, invita a los adultos a reflexionar sobre la comida, a elegir alimentos más saludables, a preparar comidas que también puedan comer con las manos junto con su peque, etc. Si nos dejamos llevar, los niños también tienen mucho que enseñarnos o redescubrirnos.

Doble destete
Carlos González afirma muchas veces que dar a los bebés papillas y triturados es como hacer un doble destete: el primero de la leche a los purés y el segundo de los purés a los sólidos. Es algo que no parece tener demasiado sentido. Además, y aunque no todo tiempo pasado siempre fue mejor, las batidoras no tienen tanto tiempo. ¿Cómo se organizaban las familias hace 100 años? ¿O hace 200?

Yo no dejo de pensar que la alimentación con triturados no deja de ser una extensión de un paradigma de puericultura altamente desconfiado en el bebé y altamente reglamentado. El paradigma en el que el bebé se alimenta con cantidades exactas de leche en intervalos regulares de tiempo controlados por un adulto tiene su consecuencia lógica en un sistema de introdución de los sólidos en el que también se desconfía de las capacidades del bebé (no sabe masticar / no comerá lo suficiente) y se miden milimétricamente las cantidades de purés y los alimentos que se van poniendo en ellos.

Así pues, cada día estoy más convencida de que el BLW supone un paso más en la instauración de un paradigma distinto de crianza. Es un sendero complicado que requiere quitarse prejuicios de encima pero también miedos e inseguridades y, además, hacer frente a los prejuicios ajenos de aquellos que todavía no los han superado. Es un camino duro que requiere informarse, pero también un camino sencillo si nos dejamos llevar y abandonamos el papel de guías infalibles. Puede resultar difícil, pero el disfrute es grande y duradero. ¿Nos acompañas?

lunes, 25 de agosto de 2014

Dos que son uno


Ilustración de Ivan Solbes.
Tengo una amiga que tiene problemas con su lactancia. Lleva con ellos desde el inicio y su vida se ha convertido en un peregrinar de médicos y visitas de amigas-asesoras de lactancia. Va al pediatra y a enfermería pediátrica para las cosas del pequeño y tiene que ir a su médico de familia y al laboratorio para sus analíticas de la leche.

Hoy en día, por ejemplo, son todavía demasiadas las madres que no son conscientes de la recomendación de tomar un suplemento de yodo mientras dure la lactancia. Una vez el pequeño sale del útero, parece que ya nadie se preocupa de la madre y muchas veces este punto se soslaya en una rápida visita posparto a la matrona o al ginecólogo.

El problema, según pensaba hoy, es que en realidad la lactancia es cosa de dos. Tiene dos protagonistas cuya salud se lleva desde dos ámbitos diferentes de la medicina y no hay ningún perfil profesional que se especialice en el cuidado de la diada madre bebé. Que sí, existen las doulas, las asesoras continuum o las consultoras de lactancia, que no dejan de ser figuras de asesoramiento y acompañamiento en la maternidad; pero ninguna de ellas es un profesional sanitario que esté capacitado, por ejemplo, para citar analíticas y cultivos y/o recetar medicamentos (ya sean para la mastitis o suplementos como el yodo).

Una mujer va a su pediatra, que mira la lactancia desde el punto de vista del bebé y le receta suplementos porque no ha ganado peso. Pero no le pregunta a la madre qué tal se siente, si le duele, si tiene grietas o algún malestar relacionado con la lactancia... En el fondo, ella no es su paciente. Prácticamente ningún pediatra se "acuerda" de o se "digna" a recordar a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo, aunque la mujer sea el medio por el que este suplemento llega a su paciente.

Esta misma mujer va a su médico de familia porque tiene grietas que no curan y dolor al amamantar, y este otro profesional tampoco se "acuerda" de o se "digna" a decirle a la madre que tiene que tomar un suplemento de yodo. En el fondo, el suplemento no es para ella. No digamos ya cuando le dice que no le puede recetar nada para su mastitis porque está amamantando o para cualquier otra dolencia ajena a la lactancia materna.

Vivimos en un mundo de ginecólogos, matronas, pediatras, médicos de familia, etc. en el que hemos compartimentalizado tanto el nacimiento y el cuidado del bebé que se olvida que el bebé no puede existir sin su madre. Se obvia que, como dice Nils Bergman, "para el bebé nada tiene sentido si no es desde el punto de vista del cuerpo de la madre".

Simbiosis
Biológicamente la madre y el bebé son una diada en continua interacción. Ambos viven en simbiosis durante los primeros años de vida del pequeño. No es para menos, porque, desde este punto de vista, los recién nacidos sin su madre están prácticamente condenados a muerte. Necesitan a su madre para que les alimente, para que les de calor, para que programe su cerebro, para que sea maestra y aprendiz, para que les enseñe en quién pueden confiar, para que les muestre que alimentos pueden comer y cuáles es mejor evitar.

Y es cierto que hoy en día no vivimos en una jungla. Pero nuestros cuerpos nacen y se desarrollan con la misma programación genética que hace miles de años cuando todavía vivíamos en cuevas y luchábamos día a día por la supervivencia. Y por eso, los bebés nacen sin saber que cuando le damos a un botón se enciende una luz o que ninguna fiera va a perturbar su sueño en la bonita cuna que le hemos preparado... Y se empeñan en seguir formando parte de la diada, de la simbiosis perfecta con su madre.

Por eso, para fomentando la lactancia, y para seguir cuidando no solo del nacimiento sino de todo lo que viene después, es necesario reclamar la existencia de profesionales y/o perfiles sanitarios sanitarios que den asistencia a la diada madre-bebé desde este punto de vista global. Que no solo sepan de percentiles y enfermedades infantiles, sino que también sepan de fiebres puerperales, problemas de lactancia, depresiones posparto o cuidados del suelo pélvico.

¿Matronas?
Habrá quien diga que esta figura ya existe. Que las matronas pueden hacer todo eso. Y es cierto que las matronas hoy en día saben de madres y de bebés. Que son las que dan "educación maternal" más allá de la preparación al parto y que incluso se preocupan por dar talleres de masaje infantil o por fomentar los grupos de madres.

Pero también parece que, a día de hoy, las matronas están en tantos "fregaos" que no se centran en ninguno y quizás habría que reinventar a las matronas o crear una nueva figura que combine matrona, doula, asesora de lactancia, asesora de porteo, enfermería pediátrica y conocimientos de neurociencia... Vamos, lo que viene siendo un profesional sanitario renacentista.

Y tú, ¿Cómo lo ves?

lunes, 18 de agosto de 2014

Tenía que pasar

Seis meses han pasado ya desde que naciste, con momentos que se han hecho eternos (esas noches interminables en el hospital) y otros que han pasado volando. Hoy reíamos juntos, te mecía, jaleaba, besaba y me regocijaba en tus carcajadas y sonrisas, en tus miradas sencillas de confianza plena y me asombraba de todo lo que hemos pasado hasta llegar hasta aquí... De ese camino que se inició hace ya casi tres años en el que has estado tan cerca y tan lejos y en el que hemos ganado a Pequeña Flor y al Chico Invisible, esas dos almas que nos acompañan desde su estrella y nos convierten en una familia de siete.

Y mientras te levantaba en volandas y me deleitaba en tu suavidad y en la resonancia limpida y cristalina de tus sonrisas he descubierto que tenía que pasar. Que todo lo que nos ha ido llevando hasta aquí ha sido necesario para que yo pueda dar lo mejor de mí y llevarte de la mano por esta carrera de obstáculos que estamos superando juntos.

En ese momento he sido plenamente consciente de que nuestra lactancia se hubiera ido al garete si no hubiera tenido la experiencia de Darío y de Diana, pero también la de Pequeña Flor y la de tantas y tantas madres a las que he acompañado y que me han prestado un poquito de ellas para ir creciendo y aprendiendo cada día más sobre sabiduría maternal. Si no hubiera visto a la pequeña Rocío mamar del pecho de su madre y de la sonda al mismo tiempo no hubiera tenido tan claro qué hacer mientras te daba el suplemento en esos primeros días de rechazo del pecho. Si no hubiera presenciado con ojos extasiados cada succión de Efrain en el pecho de su madre no hubiera sido consciente de que casi todos los obstáculos son nimios con amor, apoyo y convencimiento. Si tus hermanos no hubieran crecido sanos y felices con mi leche, no hubiera tenido el aplomo de contestar "Sí, tengo" a las preguntas de "¿Tienes leche?".

He entendido, también, que el dormir juntos hubiera sido también imposible sin el aprendizaje de tu hermana, el gozo de tu hermano y el hueco constante de Pequeña Flor. Cuando naciste tenía claro que era una necesidad, un placer, no para ti, sino para mí. Por eso estabas siempre en brazos y dormiste casi todas las horas posibles en una cuna de carne y hueso mientras estábamos en el hospital. Te he ansiado tanto en los breves momentos eternos en las que no he podido estar contigo, que tenía claro que no íbamos a recuperar el tiempo perdido nunca, pero que íbamos a hacer contar cada minuto sin que se nos escurriera entre las manos.

Y el porteo ¿Qué me dices? ¿Recuerdas cuando no podías comer antes de tu operación? Me sentí inmensa y poderosa cuando llevándote en tu bandolera conseguí que pasaras el trance de no entender por qué tu madre te negaba el pecho y lograras volver a dormirte sintiéndote arropado y querido. Me sentí tranquila y sosegada cuando ese sueño te duró hasta que vinieron a buscarte a las puertas del quirófano, porque te marchaste querido y amado de mi lado para volver un poquito más sano, un poquito más fuerte. Si dormir cada día a tu lado es maravilloso, si disponer de dos pechos que te alimentan, te acarician y te consuelan es embriagador, sentir tu cabecita pegada a mi pecho, escuchar tus suspiros de placer y tu respiración sosegada y rítmica y notar como te rindes a Morfeo sabiendo que estás en el mejor lugar del mundo termina de convencerme de que tenía que pasar. Estamos hechos el uno para el otro, Erik.

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