lunes, 10 de junio de 2013

¿Cómo preparar un biberón?

¿Demasiada lactancia materna en el programa
para elgusto de los patrocinadores?
Cuando me preparaba para ser madre no sabía ni una infinitesima parte de lo que se ahora sobre la maternidad... y el 99% de lo que creía saber estaba equivocado. Una de las cosas que siempre digo y recuerdo es que, sobre la lactancia, yo era de las que opinaba que le iba a dar el pecho porque era lo mejor, pero que si no podía, pues le daba biberón y ya está.

Creo que compartía esa opinión o esa creencia con una gran mayoría de las mujeres que nos enfrentamos a la maternidad hoy en día. Ese pensar que algunas pueden y otras no... Y que si no se puede, no pasa nada, porque hay una alternativa. Nada sabía de grupos de apoyo a la lactancia, de asesoras de lactancia, consultoras o IBCLCs... Y aún así puse especial atención en la clase de preparación al parto sobre el tema y atesoré la exigüa fotocopia que nos dieron al respecto.

Mi lactancia fue bien. Mi hijo pasaba mucho tiempo al pecho, pero iba ganando peso (a partir de la tercera semana) y no me hacía daño. Había días que se hacían interminables a la teta, días en los que me levantaba a las 7 de la mañana y me daban las 12 sin haber desayunado... Pero eso pasó. Y en ningún momento sentí la necesidad de darle a mi hijo un biberón. Más bien al contrario, cuanto más y mejor funcionaba mi lactancia, más "empoderada" me sentía para continuar y seguir adelante, sin hacer caso a las observaciones ajenas. "¿Cuándo le vas a dar biberón?", me preguntaron un día. "No necesito darle ningún biberón si con el pecho tiene más que suficiente", respondí.

¿A qué viene todo esto? Pues lo primero a reconocer que yo misma era víctima de ese "consenso social" de que unas mujeres pueden dar el pecho y otras no, de esa venda que nos hemos dejado poner como mujeres durante décadas y de la que ahora nos cuesta tanto esfuerzo deshacernos. Y el problema no son los mensajes sesgados de las empresas con más intereses económicos en los fracasos de la lactancia, sino los que dan los "lobos con piel de cordero", las personas que, sobre el papel, apoyan la lactancia, pero luego dan informaciones completamente sesgadas y que contradicen ese supuesto apoyo.

Son esos pediatras que apoyan la lactancia materna a demanda, pero no antes de dos horas ni más tarde de cuatro; pero también esas doulas que hablan de lactancia y de las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría sin distinguir entre leche materna y leche de fórmula. En concreto, la doula Montse Cob, que en una información publicitaria de Bezoya, "confirma" que los

  • Pasar del pecho al biberón es una transición importante para los bebés. 
    • Sí, importante e innecesaria en la mayoría de los casos. Los bebés no necesitan tomar biberón, ya que la leche materna es suficiente y el alimento más adecuado durante toda la lactancia. 
  • La lactancia con biberón también ha de ser ha demanda
    • Ya está presuponiendo, obviamente, que lo que va dentro del biberón es un sucedáneo de leche materna, ya que si no, entiendo que no se preguntarían lo de "a demanda".
    • Todo esto, regado con una imagen en la que el bebé es protagonista secundario y paciente... Ni mirarle al pobre en el tiempo que va de spot... Y en la que preside la encimera un bote de sucedáneo de leche materna.
  • El biberón debe introducirse a los 7 u 8 meses
    • Están hablando de biberón y afirman, sin ninguna mención específica a la lactancia materna, que los niños de 7 u 8 meses ya toman o "deben tomar" biberón. Para más inri, un poco más adelante sale debajo la leyenda "A partir de los 6 meses".
  • La Asociación Española de Pediatría recomienda que la leche sea el principal alimento del bebé y el resto sea "complementaria".
    • Un buen quiebro lo de "leche", que si hubiera dicho "lactancia" hubiera quedado más claro que es, obviamente, materna. 
    • He estado buscando y rebuscando en la web de la Asociación Española de Pediatría y no he encontrado ninguna referencia a este dato solo con "leche" a secas, sino siempre referido a "leche materna".
    • Le daré a Monse el beneficio de la duda... Observad que cuando dice "leche" hace una pausa, como si automáticamente después fuera a decir "materna"... Yo me pregunto ¿Cuántas veces tuvieron que repetir la toma? ¿Cuánto le costó a Montse no decir "materna" porque no se adecuaba al guión?
  • El biberón no debería ser el postre sino el plato principal, al menos el primer año de vida.
    • Por favor, que alguien me ayude a este respecto. Repito que he estado buceando en la web de la AEP y su portal para familias y no he encontrado esta afirmación por ninguna parte referida al biberón, pero sí a la leche materna. 
    • No le encuentro ningún sentido. Es cierto que la leche materna sigue siendo el alimento óptimo para el bebé y por eso no debe ser sustituida por la alimentación complementaria. Pero, hasta donde yo tengo entendido, son mayores los beneficios de una dieta cada vez más sana, variada y equilibrada procedente de muchos alimentos diferentes que el hecho de que los bebés dependan de un único alimento que además no es óptimo para su desarrollo.
    • De nuevo, por favor, el que cuente con la documentación que respalde esas cosas que dice Montse que me la enlace o algo, porque yo he sido incapaz de encontrarla.
  • Las uñas y las manos limpias, un agua de mineralización muy débil, calentar en calientabiberones o al baño maría, comprobar la temperatura de la leche...
    • No habla de la necesidad de calentar el agua hasta 70ºC y luego reconstituir la fórmula, dado que los sucedáneos de leche materna no son estériles... ¡¡¡Pero advierten de no usar microondas para calentar la leche!!!
  • Un bonito rótulo de "lecha maternizada" en un bote sin marca.
    • El bote sin marca, claro, que la publicidad es de Bezoya.
    • Señores de Bezoya, querida Montse que con tu presencia das tu beneplácito a estas "barbaridades", el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento y el hecho de que la marca publicitada no venda leche de fórmula no le da permiso para usar la denominación "leche maternizada", que está prohibida. El término correcto, ténganlo en cuenta, es sucedáneos de leche materna.
Me cuentan mis contactos de Facebook que este "anuncio" parece ser una respuesta de muchas madres que han dado leche de fórmula a sus hijos que estaban un poco hartas de ver cómo se fomentaba la lactacia materna en el programa "Bebé a bordo" y pidieron contenidos más "alineados" con sus necesidades... Y de ahí este spot sobre cómo preparar un biberón, con tantas perlas de sabiduria impagables.

Y digo yo, ¿en realidad es necesario explicar cómo preparar un biberón? ¿Será que no lo hemos visto miles de veces en películas, series de televisión, anuncios, cuentos infantiles...? ¿Será que las instrucciones en los botes de leche de fórmula son poco claras?

¿De verdad era necesario un anuncio con una supuesta madre tan alejada de su bebé? ¿Tan alejada que en todo momento le da la espalda y ni lo mira? ¿Tan alejada que cuando le da el manido biberón ni lo coge en sus brazos, ni lo mira y no podría estar más alejada y en escorzo del pobre niño? Que sí, que está claro que esa señora no era su madre y que el bebé no se iba a dejar coger o hacer carantoñas, pero ¡¡leñe!! ¿Qué concepto de maternidad vende este spot?

Y yendo aún más allá, ¿No sería más importante enseñar a dar un biberón con el mismo contacto, cariño y estimulación que cuando los bebés toman el pecho? ¿No sería ideal dar el mensaje de que lo único que se deben perder los bebés que toman biberón es la leche materna? ¿No habría que dejar claro que necesitan igual que cualquier niño amamantado el contacto, el cariño, las miradas y toda la estimulación de la cercanía de su madre? ¿No hubiera sido mucho más interesante hablar de estos conceptos que expone Ibone Olza en su imprescindible post sobre Cómo dar el biberón como si fuera el pecho?

Volviendo al principio y retomando cómo me hace sentir todo esto... Os contaré que después de que Darío me abriera los ojos y me hiciera desaprender y volver a empezar a aprender de nuevo sobre la maternidad, pasé diferentes estapas de posicionamiento/sentimiento con respecto a la lactancia.

Pasé por una de esas etapas de sentimiento de "superioridad"... De tener ganas de gritarle a todo el mundo cómo no se daban cuenta de que la lactancia materna era lo mejor del mundo mundial... De sentir pena cada vez que veía a un niño alimentado con biberón... De sentir rabia cuando oía a alguna mamá hablar del destete como si fuera una liberación...

Y poco a poco me fui librando de todo eso. Como asesora de lactancia he conocido a muchas mamás que me han ido enseñando con sus historias, día a día... Que me han demostrado que yo he tenido una lactancia asquerosamente fácil, sin un dolor o una grieta... Y que detrás de cada biberón puede haber historias más o menos desgarradoras... Me han enseñado que no hay lactancia fracasadas, sino insuficientemente apoyadas.

¿Y qué me queda de todo eso a día de hoy? Ya no sufro por ver a un niño tomando biberón. Pienso que quizás su madre le dió durante 15 días, 1 semana o dos tomas y que eso ya fue un pequeño milagro para él... Pero sigo sufriendo muchas veces y no por los biberones... Lo paso mal cuando veo a niños llorando en un carrito, cuando veo a mujeres completamente desvinculadas de las necesidades de contacto de sus bebés, cuando veo a niños que ya se han rendido y no reclaman más. Lo paso mal por las mujeres y por sus hijos. Por eso me parece mucho más importante lo que decía Ibone Olza: que lo único que se pierda un niño que toma biberón sea la leche materna. Porque se alimente como se alimente, sus necesidades de contacto y de vivir en su "habitat natural" siguen siendo exactamente las mismas.

¡¡¡Qué oportunidad tan importante perdida con este spot para hablar del biberón más allá de lo obvio!!! Vaya manera de dejar lo importante de lado, para centrarse en lo accesorio.

sábado, 8 de junio de 2013

Lo que fue y lo que pudo ser

Mi Pequeña Flor:

En estos días deberías haber nacido. Hace apenas 8 meses que una rayita positiva en un test nos daba la buena noticia y ya te empezábamos a soñar, a sentir, a esperar y, sobre todo, a amar... Ya casi ni puedo recordar esos días de estrés, y de algún que otro desengaño, que fueron borrados de un plumazo por un pequeño garabato tan lleno de significado.

Entraste por la puerta grande en esta familia y aquí te quedarás para siempre. Nuestra Pequeña Flor que ya habita en su estrella lejana, acompañándonos más allá del tiempo y del espacio. En el transcurrir de estos últimos cuatro meses hubiera pensado que la herida se habría cerrado, pero está abierta y duele como el primer día. Duele como en el mismo momento en que nos enteramos de que no te íbamos a conocer y como en ese otro en el que nos dimos cuenta de todo lo que ello implicaba y significaba.

Habrá quien diga que viniste para enseñarnos, para ayudarnos a crecer como personas y como familia... Y no pongo en duda que tu fugaz estancia con nosotros nos ha cambiado profundamente... pero me niego a pensar que viniste para eso... Viniste para vivir, para crecer en mi vientre, nutrirte en mi regazo, jugar con tus hermanos, ser acunada por tu padre y convertirte en esa parte que venía a completar el equilibrio familiar que buscábamos.

Viniste porque eras amada y deseada incluso antes de ser concebida... Y buscar otra razón a tu llegada y a tu inevitable marcha no ayuda a curar las heridas o a hacerlas más llevaderas.

Viniste porque te abrimos las puertas de nuestro cuerpo y de nuestro corazón y no puedo dejar de pensar que tú te merecías mucho más: poder ver y sentir la luz del sol, poder respirar, poder mirarnos a los ojos y perdernos la una en la otra, conocer a tu padre y sentir sus caricias en tu propia piel, escuchar la palabras cálidas y tiernas de tus hermanos.

Me consuela pensar que tuviste una muerte dulce, arropada por mi cuerpo, querida hasta el último instante. Sí, me consuela, pero no por ello deja de doler. No por ello puedo dejar de pensar que ahora podrías estar aquí en carne y latidos y no solo en pensamiento. Y quizás eso es peor tragedia, porque no dejo de imaginar toda la potencialidad que encerraba tu pequeño cuerpecito, el color del que hubieran sido tus ojos, cómo hubiera sido tu voz o qué te hubiera gustado ser de mayor.

Te quiero hija mía. Te echo de menos. Siempre te querré.

jueves, 6 de junio de 2013

Recuperando el bocata de chorizo

Cuando se habla de la lactancia, algunas voces argumentan la necesidad de que la madre se extraiga leche para que el padre pueda participar en la alimentación... Y quien dice el padre, dice la abuela, la tía o la prima... Y yo siempre respondo lo mismo: que tienen toda la vida para darle bocatas de chorizo a la criatura y que la lactancia materna exclusiva solo dura seis meses.

Y de compartir el momento del bocata y los juegos de toda la vida va el post de hoy, porque Revilla ha organizado una interesante actividad en Madrid para que padres e hijos compartan el redescubrimiento de los juegos que compartíamos en el patio del colegio los niños que crecimos en los años 80.

Se trata de El recreo Revilla, un encuentro que tendrá lugar el próximo 22 de junio en el Hipódromo de la Zarzuela de Madrid para que padres, madres e hijos aparten la videoconsola y la televisión durante unas horas y recuperen juegos tradicionales como la peonza, el yo-yo, el pañuelo, rayuela o las canicas... Pero no solo estos juegos de calle, sino también otros clásicos,como las construcciones de Lego, el Scalextric o los "recreativos" y los juegos míticos de cuando una partida costaba "cinco duros".

Y a las doce en punto, dará comienzo la hora del bocate, en la que compartir con nuestros peques esos bocatas de "chorizo Revilla" que nos comíamos para almorzar y merendar en nuestra infancia ¿Cuál era tu preferido?

Para participar en El recreo Revilla solo tienes que entrar en el microsite www.elrecreorevilla.com e introducir los datos personales para poder recibir la invitación que deberás presentar el día del evento. Además, en la página web tienes a tu disposición distintas herramientas para ir calentando motores, como un test sobre las series de televisión de nuestra infancia o una versión on-line del Simon.

Post Patrocinado

martes, 4 de junio de 2013

Cuando la lactancia materna no es posible

"Cuando la lactancia materna no es posible, la leche supermegachachi alimisupraforte2000 con L. Casei e inspirulina te ofrece todo lo que tu bebé necesita"... Estoy hasta las narices de leer este tipo de reclamos publicitarios. No porque los vendedores de leche de fórmula no tengan derecho a publicitar las ventajas de sus productos, sino por la forma de plantear el mensaje.

Si empiezas a teclear en google "Cuando la lactancia materna" automáticamente te salen dos opciones que completan la frase:
  • no es posible.
  • no es suficiente.
Esto nos da una muestra del nivel al que han llegado a calar este tipo de mensajes. Parece un lugar común que la lactancia no es posible o que no es suficiente. Y sí, hay casos en los que la lactancia materna no es posible... Pocos, pero haberlos haylos (como las meigas)... Y hay casos, muy pocos también, en los que siendo posible hay que recurrir a suplementos para cubrir todas las necesidades del bebé.

Pero de ahí a presuponer una epidemia generalizada de mujeres que no pueden dar el pecho y mujeres sin suficiente leche hay un mundo. Una epidemia ficticia que va calando gota a gota con mensajes como estos que muchos otros agentes sociales van perpetuando y ampliando: pediatras, enfermeras, matrones, farmaceúticos, vecinas, madres, suegras, hermanas, primas, pescaderas, carniceras, fruteras, barrenderas y, por qué no, suegros, hermanos, padres, primos, pescaderos, carniceros, fruteros y barrenderos.

Publicidad ética
Quizás el mensaje adecuado sería "Cuando la lactancia materna no es posible, la leche vaquitín no contiene los anticuerpos, hormonas, enzimas, oligosacáridos, sIGA y demás componentes que hacen a la leche materna única, pero te aporta lo necesario para que tu bebé crezca lo más sano posible, dentro de lo que cabe".

O quizás los anuncios y reclamos de las leches de fórmula deberían decir: "Cuando la lactancia materna no es posible, la siguiente mejor opción es la leche donada de otra madre y no la leche de vaca modificada, pero si no te queda más remedio, el sucedáneo de leche materna guarromilk es la siguiente mejor opción aunque con los siguientes efectos secundarios..."

Protección de la lactancia materna
La lactancia materna no solo se debe defender y promocionar, sino que también se debe proteger, ya que evita desigualdades... Desde las más simples, hasta las más extremas.

Por ejemplo, hace unas décadas fueron las mujeres más educadas las primeras en abandonar la lactancia materna y, poco a poco, las siguieron las clases urbanas menos favorecidas y después las personas de los medios rurales, en un proceso que se ha ido repitiendo en mayor o menor grado en todos los países del mundo. En la recuperación de la lactancia materna, primero vuelven a la lactancia las clases más favorecidas, creando una situación de desigualdad frente a las clases urbanas menos favorecidas y frente a los medios rurales.

Quizás una madre cualquiera piense que si ella da o no da el pecho, no influye para nada en el resto del mundo. Pero lo cierto es que está sentando un ejemplo, para esas suegras, vecinas, polleras y carniceras, pero también para las mujeres que, viviendo en países en desarrollo, se miran en la cultura occidental tratando de asumir sus esquemas.

Y en un ámbito más local, el problema es que las medidas normales, de promoción y apoyo de la lactancia materna, sí tienden a crear desigualdades, ya que normalmente llegan menos a las mujeres que están en desventaja social, contribuyendo así a agudizar más la desigualdad.

La protección de la lactancia materna, según afirma Jane Scott, no aumenta la desigualdad, ya que afecta a todas la mujeres por igual. Y la principal herramienta de protección es la legislación, que se debería orientar a eliminar los obstáculos hacia la lactancia (como estos mensajes insidiosos con los que comenzaba el post) y a proteger la lactancia en momentos determinados de fragilidad, como la vuelta al trabajo.

viernes, 24 de mayo de 2013

TODOS los PARTOS deberían ser RESPETADOS

Foto de Bellypainting Madrid

Estamos en la Semana Mundial del Parto Respetado. No es que lo note mucho, total, la mayoría de mis contactos en las redes sociales, de mis fans, followers, followeados y mis gurús siempre estamos dándole caña a los mismos tema y el PARTO RESPETADO, así, con mayúsculas, es una de ellas.

Llevo dilatando mucho tiempo contar la experiencia del parto de Mi Pequeña Flor. Fue terrible, machacante, tanto para mí como para mi marido. Creo que ya lo he contado alguna vez, pero me repito:

Si los partos normales, con bebés a término, tienen que ser respetados, creo que los partos en caso de pérdida gestacional lo deberían ser más. Si el trato a la madre debería ser exquisito mientras pasa por la experiencia de dar a luz a su esperado bebé, más aún debe serlo cuando la mujer se enfrenta al terrible momento de despedirse para siempre de ese bebé cuyo corazón se ha parado antes de nacer. La mujer que vive una pérdida gestacional pasa por un momento terrible de pérdida y tristeza y, si la experiencia vivida en su parto es negativa, la huella, el surco de dolor y tristeza será más hondo aún.
La madre cuyo bebé nace muerto no experimenta "el mayor pico de oxitocina de toda su vida reproductiva", no tiene bebé al que abrazar, no tiene un cóctel hormonal que le permita "olvidar" las malas experiencias vivida y, además, en demasiadas ocasiones, se choca contra la indiferencia o la negación a su dolor por parte de amigos, familiares, profesionales y la sociedad en su conjunto.

Hace poco debatía con la jefa de servicio de ginecología del Hospital Universitario de Móstoles la experiencia de mi último parto. Ella me preguntaba qué tipo de "restitución" quería. La pregunta en si misma tiene tela, pero la respondía que lo que quería era que nadie volviera a pasar por lo mismo por lo que yo había pasado. Y ella, a su vez, me dijo que yo no podía convertirme en juez de lo que quieren las demás mujeres.

"Por eso mismo", le dije yo. "Por eso hay que escuchar a las mujeres y respetar sus deseos. Si una mujer, ante una pérdida perinatal, quiere un legrado, está en todo su derecho de exigirlo y que la decisión sea RESPETADA. Si una mujer, en el mismo caso, desea y pide en repetidas ocasiones que le permitan alumbrar la placenta por si misma y que le den tiempo, la decisión debe ser igualmente RESPETADA".

La clave, como en todo, es el RESPETO. Respeto que eché de menos en abundancia en muchos momentos de mi último parto. Porque si fue doloroso perder a mi hija, más aún fue hacerlo en un ambiente hostil, poco empático, en el que todo fueron trabas para despedirme de mi hija y no se respetó mi autonomía como paciente.

Os dejó una carta que "parí" con dolor pero precisamente por RESPETO a mi misma unos días después de mi experiencia. Y que por RESPETO a mi misma, remitiré hoy también por cuantos canales sea posibles a las instituciones sanitarias madrileñas.


Estimados señores:

El pasado viernes, 1 de febrero, me diagnosticaron en la consulta de ginecología de su hospital que la bebé de 21 semanas que estaba gestando ya no tenía latido. Era algo esperado, y estábamos preparados para la situación, dentro de lo que cabe. Les envío esta carta para expresar mi más profundo agradecimiento a algunos de los profesionales que me atendieron durante mi estancia de dos días en su hospital para la inducción del parto.

Javier, matrón de su servicio, por su actitud comprensiva y colaboradora. Nacho, el matrón que nos atendió en las urgencias de ginecología, por su extrema sensibilidad en un caso como el nuestro, su apoyo, su amabilidad constante y su trato humano y muy cercano. Solo tengo buenas palabras también para el resto del equipo con quien tuvimos contacto en la zona de urgencias de ginecología. Ginecólogos, residentes, matrones, auxiliares, nos informaron de todo el proceso, todas las pruebas y pasos a seguir, nos preguntaron por nuestras preferencias, escucharon nuestras indicaciones y fue un bálsamo sentirse tan bien atendido y arropado por los profesionales sanitarios de su hospital en una situación tan complicada desde el punto de vista emocional.

La pena es que esto duró solo unas pocas horas. En cuanto nos pasaron a planta, la situación fue bastante diferente. En primer lugar, nos pusieron en una habitación con una paciente de post-operatorio. Que no es el caso hablar de tener que compartir habitación o no, pero una mujer que se enfrenta al diagnóstico de un bebé sin latido y con un parto por delante, necesita un poco de intimidad para preparar su cuerpo y elaborar su duelo. Maxime cuando ahora, en su hospital, presumen de ofrecer habitaciones individuales para las madres recientes. Claro, las madres de bebés muertos, al parecer, no merecemos esa consideración.

Ya no era solo la falta de espacio para la deambulación en la propia habitación sino que, sin saber demasiado bien por qué, estuve todo el rato con suero puesto pero con un pie que no rodaba y que no me permitía moverme a ninguna parte… Literalmente me tenía que llevar el pie que sostenía el suero en vilo para ir al baño, así que simplemente pasear por el pasillo era impracticable. Las enfermeras me repitieron en varias ocasiones que no me podían traer otro porque "todos estaban igual". Si necesitan fondos para este apartado, asúmanlo y pídanlos ya que pequeñas cosas “insignificantes”, como la falta de movilidad debido a la ausencia del equipo adecuado, son las que convierten una experiencia negativa en algo peor y, obviamente, también disminuyen radicalmente los niveles de calidad asistencial percibidos por los pacientes.

Llegó el momento del nacimiento de nuestra hija. Fue en el baño, estaba sola y no me preocupaba. Cogí a mi pequeña de entre mis piernas y fuimos a la cama a esperar que llegara la ginecóloga. Pedí que me colocaran a mi pequeña encima y no voy a criticar las caras de disgusto que me pusieron, eso es personal de cada uno, pero sí que empezaran a decirme que “eso es mejor no verlo”.

Y eso es ya lo que me parece discutible. Porque el personal que atiende a las madres en situaciones como la nuestra debería tener, si no respeto, al menos un poco de formación en “atención al duelo” y en tratamiento a pacientes que se enfrentan a la muerte gestacional o perinatal de su bebé. No es que sean expertos, pero al menos deberían tener algunas nociones… Más teniendo en cuenta que hay asociaciones que ofrecen esta formación  manera gratuita.

Y porque no entiendo la diferencia entre esta actitud y la que nos encontramos entre el personal de urgencias, que aceptó y respetó nuestro derecho a despedirnos de nuestro bebé cuando naciera. O al menos así lo afirmaron cuando les comentamos nuestro deseo de hacerlo.

Solo la ginecóloga aceptó colocarme a mi bebé encima cuando llegó, después de cortar el cordón. No me querían dejar tocarlo, porque tenía que ir a “anatomía patológica”… Y perdónenme que no lo entienda, pero creo que la autonomía del paciente me cubre hasta el punto de decidir qué quiero hacer con los restos mortales de mi bebé. Nadie puede decidir por mí y menos todavía estar autorizado a llevarse los restos de mi hija sin mi consentimiento. Les recuerdo que, a día de hoy, vds. no tienen ningún papel firmado donde yo de mi consentimiento para tal hecho y en ningún momento se me informó de ello.

Pero, soslayando este extremo, me parece muy poco adecuado que después de parir sola y sin asistencia a mi bebé en un baño, de cogerlo con mis propias manos y llevarlo hasta la cama en una toalla… Que después de todo eso me digan que no puedo tocarlo. Desde luego, hay algo que no cuadra en este panorama.

Por otro lado, tampoco me parece adecuado que tuviera que “exigir” que dejaran pasar a mi marido para ver a nuestro bebé. Y tampoco me parece procedente que en una situación de fragilidad como la nuestra, teniendo en cuenta la situación que estábamos pasando, tuviera que “exigir” que nos dejaran a solas para despedirnos de nuestro bebé (acuérdense de que estábamos en una habitación compartida, así que lo de la intimidad era relativo).

Quizás lo peor de toda mi experiencia en su hospital fue lo que vino después. El hecho de que me hubieran hablado de la posibilidad de hacer un legrado si el útero no se vaciaba bien o quedaba algún resto, no indicaba que yo diera mi consentimiento a esta intervención. De hecho lo único que yo firmé fue un consentimiento informado para una inducción y un formulario para pedir el misoprostol al departamento de farmacia.

Sin embargo, cuando la ginecóloga llegó después del nacimiento del bebé me dijo que directa a quirófano para alumbrar la placenta y hacer un legrado. Le pregunté si no podíamos esperara a otra contracción para el alumbramiento, darme tiempo, pero todo fue no, no y no, sin darme ninguna explicación ni argumento médico… Y allí me vi yo, en un quirófano a las tantas de la madrugada, sin haber dado mi consentimiento para ello (y mi marido tampoco, me enteré después) y encima con anestesia general. Ahí ya ni me molesté en protestar o preguntar, ya que el ninguneamiento a  mis deseos como paciente había llegado al extremo. Claro, ¿para qué me van a preguntar a mí que soy el sujeto “paciente” y el objeto de la intervención si alguien puede tomar la decisión por mí?

Me preocupa el tema de los consentimientos informados. Me preocupa que en su hospital y en su servicio de ginecología y obstetricia se tomen este tipo de cosas tan a la ligera. Me gustaría que me aclararan si esto es lo normal o si en mi caso se cometió un grave error, ya que la clínica tampoco era, desde mi punto de vista, tan grave como para justificar este tipo de acciones sin mi consentimiento. Y me preocupa más todavía que se haga aprovechando una situación de fragilidad y de indefensión extrema.

De hecho, en la página web de su hospital tienen colgada la siguiente información con respecto al consentimiento informado:

CONCEPTO
Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita su consentimiento libre y voluntario, una vez recibida la información y que haya valorado las opciones propias del caso.
El consentimiento será verbal por regla general. Sin embargo, se prestará por escrito en los casos de intervención quirúrgica, así como cualquier exploración que comporte riesgo o inconvenientes para su salud.
El paciente puede revocar libremente por escrito su consentimiento en cualquier momento.

LÍMITES
Rechazo explícito de toda información por el paciente.
1.    - Grave peligro para la salud pública.
2.    - Situación de urgencia real y grave que no permite demoras.
3.    - Imperativo legal.
4.    - Incompetencia / Incapacidad del paciente.

Como verán, la situación que les detallo no está incluida en ninguno de los límites mencionados y, tratándose de una intervención quirúrgica y contando con mi rechazo verbal a dicha intervención, no le veo el sentido por ningún lado.

También me ocasiona gran inquietud el hecho de que, una vez en reanimación, se informara a mi marido de que me subirían a la habitación a las tres de la madrugada y me dieran allí casi las cinco de la mañana porque no había ningún celador disponible para subir mi cama a la habitación. ¿De verdad funciona un hospital con un solo celador disponible en turno de noche? ¿Realmente si se solicita un traslado hay que esperar hora y media? A algunos esto les puede parecer un dato "banal", una exigencia vacía. Pero les puedo asegurar que después de pasar por una intervención quirúrgica no consentida, por una situación total de indefensión, pasar dos horas más de la cuenta a una cama atada con máquinas, sin que nadie te de una explicación y solo porque hay un único celador de servicio, pues no es algo que nadie se tome con paciencia o filosofía.

Y bueno, ya para rizar el rizo, está el tema de la lactancia. Estoy bastante informada y formada sobre lactancia materna. Soy asesora de lactancia y llevo como voluntaria varios grupos de apoyo para madres. De hecho, colaboro en el comité de lactancia materna de su hospital en calidad de representante de las madres, con el objetivo de contribuir a mejorar las tasas de lactancia y la experiencia de madres y bebés en el inicio de la alimentación en su hospital.

Expresé, y así se anotó en el historial, mi deseo de que no se me administrara Dostinex (cabergolina) para inhibir la lactancia ya que sigo amamantando a uno de mis hijos. Una de las enfermeras del turno de noche tuvo la ocurrencia de decirme que me pusiera un sujetador y que cuando llegara a casa me pusiera otro que me quedara muy apretado para que no me subiera la leche. Yo le dije que no se preocupara, que era perfectamente capaz de gestionar mi lactancia y me respondió de manera muy autosuficiente que era “su obligación” informarme… Y esto ya roza lo patético, porque esta señora da consejos que no están basados en evidencia científica (vamos, que solo le faltó decirme que me vendara los pechos), que no sirven para nada más que para provocar una obstrucción o una mastitis en el caso de que suba la leche y encima lo hace como si ella estuviera en posesión de una verdad absoluta cuando solo actúa en base a información basada en mitos y prejuicios que, hasta donde yo sé, no deberían ser el fundamento de la práctica sanitaria.

Desde luego que en el comité de lactancia de su hospital se ha abordado la necesidad de formación en lactancia materna para los profesionales que trabajan en el hospital, pero es que mi experiencia directa en este sentido no hace más que corroborar esta necesidad, pero también la de que se trabajen desde las bases conceptos tan básicos como el respeto, la autonomía del paciente y el empoderamiento…Temas que quedan muy bonitos  sobre el papel, pero que se quedan en agua pasada en la práctica diaria, por lo que se ve.

En fin, que después de esta experiencia, mi tercer parto en sus instalaciones, he constatado que se ha avanzado mucho en algunos aspectos y me llena de satisfacción que haya profesionales tan orientados hacia el cuidado y el sostenimiento de la madre embarazada y puérpera, como los que me encontré en la primer parte de mi experiencia hospitalaria. Sin embargo, me entristece encontrar que aún queda mucho camino por recorrer y que en muchos otros ámbitos en estos cinco años que han pasado desde mi primera experiencia con su servicio no se haya avanzado nada.

Así que esta vez y ahora para siempre me he propuesto que NUNCA MÁS. Soy una mujer joven. Tengo dos hijos vivos y una bebita de 20 semanas que nació muerta y a la que todavía lloro. No sé si me animaré de nuevo o no a ser madre, pero tengo muy claro que no volveré a su hospital. Que teniendo otras opciones donde elegir, a la tercera va la vencida.

Y me parece una lástima. Porque experiencias como estas en un momento en el que los profesionales luchan por una sanidad pública de calidad, no hacen mucho a su favor. Porque cuando en este mismo municipio cuentan con un hospital público de gestión privada en el que las embarazadas y puérperas no solo cuentan con una habitación individual sino con un protocolo de atención al parto mucho más cercano a las recomendaciones de la OMS y de la IHAN, no se pueden permitir el lujo de perder la partida de la “calidad asistencial”.

Con todos mis respetos para los grandes profesionales que hay en su hospital y para los que tienen “espacio para la mejora” y con la intención de seguir colaborando en el comité de lactancia para contribuir a la mejora de la experiencia de las madres que pasen por el servicio de ginecología de su hospital, al menos, en mi caso, buscaré una alternativa para mis futuros partos. Otro hospital público donde al menos no me defrauden por tercera vez consecutiva. Se acabaron las segundas oportunidades. No cuando mi salud reproductiva está en juego, no cuando lo que se pone en la balanza es mi autonomía como paciente, no cuando la salud de mis hijos entra en la ecuación.

Atentamente.

jueves, 23 de mayo de 2013

Unicef no cambia las recomendaciones sobre el colecho

Una noticia inquietante sobre el colecho ha recalado en los últimos días en algunos medios. Yo la leía el martes en Materia: El bebé no debe dormir con sus padres en la misma cama. Aparte del alarmismo y amarillismo del titular, el periodista relataba los resultados de un estudio publicado en el British Medical Journal que concluye que se reduciría el índice de Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) si se evitara el colecho.

Algunos profesionales se apresuraron a poner sus comentarios en la publicación en abierto, señalando la contradicción que supone que se junte en el mismo grupo a los bebés que se alimentaban exclusivamente y a los que se alimentaban parcialmente de leche materna. También señalaban que resultaba "lamentable" que un artículo tan poco fundado y con tantos errores metodológicos hubiera superado los filtros de una publicación científica revisada por pares como el BMJ. A mí, que de algo me sonaba esta revista, me viene a la mente ahora otra polémica que saltó desde las páginas de esta publicación hace tiempo.

Yo, por mi parte, consulté a mi referencia de cabecera sobre el tema del sueño infantil, María Berrozpe, de la que ya os he hablado en alguna ocasión y que es autora no solo del blog Reeducando a Mamá, sino que también es coautora de la web El Debate Científico sobre la Realidad del Sueño Infantil. Me llamó la atención que ya tuvieran fichados a los autores del "estudio" por su beligerancia contra el colecho y por haber publicado "investigaciones" de las que luego se habían tenido que desdecir.

En fin, que como esta polémica ha preocupado a muchos padres, mi respuesta en las ocasiones en las que me han consultado ha sido que el Ministerio de Sanidad recomienda el colecho porque favorece la lactancia materna y esta, a su vez, previene el SMSL. Y esta recomendación está basada en evidencia científica fuerte.

Y ahora Unicef Reino Unido ha lanzado un comunicado para confirmar que no cambiará sus recomendaciones sobre el colecho y poniendo ciertos puntos sobre las íes al estudio que tanta polémica ha creado, afirmando que es necesario analizar con cuidado toda la evidencia científica disponible respecto al colecho antes de cambiar cualquier recomendación a los padres (aunque en este caso los medios se hayan convertido en prescriptores de salud con no demasiado acierto).

Desde Unicef señalan que los cinco estudios que se contemplan en el análisis publicado en el BMJ Open son relativamente antiguos (tienen entre 26 y 10 de antiguedad) y se realizaron en diferentes países, en momentos distintos y analizando datos recopilados con distintas metodologías. Ninguno de los estudios contemplados, por ejemplo, recogía datos sobre el consumo de drogas o de alcohol de los padres y solo dos de los cinco estudios recopilaron información sobre el consumo materno de alcohol.
"Estudios mucho más recientes han recopilado datos más completos y exhaustivos respecto a aspectos cruciales como quién dormía con el bebé en concreto y cuánto alcohol o drogas había consumido. Esos estudios no han sido incluidos en esta publicación. Así pues, aunque la investigación afirma que ha demostrado que el colecho es peligroso en ausencia de otros factores de riesgo como fumar, beber alcohol o tomar drogas, cuestionamos sus conclusiones, dado lo limitado de los estudios en los que está basado". 
Así de contundente se muestra el comunicado de Unicef, en el que esta institución confirma que no cambiará sus recomendaciones orientadas a que todos los padres reciban información completa sobre cómo cuidar de sus bebés por las noches, incluyendo que: el lugar más seguro para un bebé es una cuna adosada a la cama de los padres, que compartir sofá es especialmente peligroso y que no se debe colechar con bebés si el adulto ha fumado, bebido alcohol o tomado drogas.

Por lo tanto, desde Unicef UK alientan a los profesionales sanitarios a dar información completa y veraz a los padres sobre el cuidado nocturno de los bebés.

Además, si queréis ver un análisis en profundida sobre las limitaciones y problemas prácticos en el estudio original, podéis consultar la página sobre El Debate Científico del Sueño donde ya han publicado sus comentarios al respecto. 

Recommendaciones para los profesionales sanitarios a la hora de debatir el colecho con los padres

Deben evitarse mensajes simplistas en relación con el lugar donde debe dormir el bebé; La evidencia científica actual es contundente con respecto a los siguientes mensajes, que se deben ofrecer a todos los padres:

• El lugar más seguro para dormir es en una cuna al lado de tu cama.
• Dormir con el bebé en un sofá entraña un gran riesgo.
• El bebé no debe compartir cama con un adulto que:
  • fume
  • haya consumido alcohol
  • haya tomado drogas o medicamentos que produzcan sueño. 
La incidencia del SMSL (a menudo llamado "muerte en la cuna") es más alta en los siguientes grupos:
  • Padres de clases socio-económicas bajas.
  • Padres que abusan del alcohol o las drogas.
  • Madres con más de un bebé.
  • Bebés prematures o de bajo peso al nacer.
Los padres en cualquiera de estos grupos necesitarán un abordaje más personalizado y en profundida para asegurar que estos mensajes son escuchados y entendidos. Pueden necesitar algún tipo de ayuda práctica para poner estos consejos en práctica.

Para los que leeis inglés, aquí un interesante folleto con información práctica sobre lactancia noctura, cuidado del bebé y colecho.Y aquí uno ya conocido, en castellano, con las recomendaciones para compartir la cama con tu bebé, publicado por Unicef en colaboración con la Fundación para el Estudio de las Muertes Infantiles.

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Cacharros o herramientas? Relactador

Hoy os traigo un nuevo capítulo de mi serie ¿Cacharros o Herramientas? Para dar “una de cal y una de arena” ahora toca uno de los buenos, una herramienta. En este caso os hablo del relactador, que ofrece una ayuda muy importante a madres con riesgos reales para su lactancia y una ayuda real para bebés que tienen dificultades en la succión o que, habiéndolas resuelto, no consiguen establecer adecuadamente la producción.

Lo bueno del relactador es que es un producto poco conocido, por lo que resulta casi imposible que una madre embarazada se diga “Uy, me voy a comprar un relactador por si acaso tengo problemas en mi lactancia”, así que se evita drásticamente su conversión en “cacharro” de la lactancia. Normalmente, las madres se plantean usar un relactador asesoradas por un profesional de la lactancia, ya sea médico, matrona, enfermera, consultor o asesora de lactancia. Aunque alguna madre también se puede plantear su uso después de haber buscado en Internet información sobre alguna problemática concreta (hipogalactia, relactanción, lactancia inducida, formas fisiológicas de suplementar, etc.).

El relactador consiste, básicamente, en un depósito en el que se coloca el suplemento que va a tomar el bebé (que puede ser de leche materna extraída, leche de fórmula o una mezcla de ambas) que cuenta con unas sondas finitas que conducen esa leche y que quedan pegaditas al pecho de la madre, de tal manera que cuando el bebé succiona el pecho toma tanto la leche que hay en la mama como el suplemento almacenado en el relactador.

El relactador puede fabricarse artesanalmente o puedes comprar el de Medela. Su principal ventaja es que, mientras el bebé toma el suplemento, está estimulando el pecho para que produzca más cantidad de leche. De este modo, sería el único modo de dar suplementos que, al mismo tiempo, lograría aumentar la cantidad de leche disponible en el pecho y, por tanto, lograría ir reduciendo la cantidad de alimento complementario que debería recibir el bebé.

Otra ventaja, evidente, es que es un modo de suplementar a los bebés más fisiológico, ya que, al succionar al pecho, el bebé controla los ritmos, hace las pausas necesarias y todas las sensaciones que recibe mientras se alimenta son las propias de la lactancia materna. Esto no es solo beneficioso para el bebé, sino también para la madre que recibe exactamente el mismo estímulo que cuando el niño mama sin relactador, por lo que fomenta la secreción de oxitocina, facilitando así el apego saludable entre la diada madre-bebé en ambos extremos de la relación.

Además, el relactador permite dar el suplemento de manera más rápida y cómoda que otras alternativas que no interfieren con la lactancia materna (sonda+jeringuilla, cuchara, vasito). El momento del suplemento es tan placentero como el momento de la lactancia.

El relactador se puede utilizar a distintos niveles:
  • Se puede dar primero el pecho y luego el pecho con el relactador o bien empezar directamente con el relactador.
  • Se pueden usar sondas de distintos grosores para que la ingestión del suplemento sea más o menos fácil en función de las capacidades del bebé.
  • Se puede colocar el depósito de la leche a distintas alturas, de tal modo que si se coloca más alto que el pezón la leche tenderá a caer por si misma (teoría de los vasos comunicantes), mientras que si se coloca más bajo que el pezón, el bebé tendrá que realizar un mayor esfuerzo de succión para obtener la misma cantidad de leche del relactador.
  • Se puede usar en un solo pecho o en los dos pechos (simultáneamente o alternativamente).
Yo suelo recomendarlo básicamente para las madres que quieren ofrecer un suplemento (entendido como cantidad suplementaria de leche extraída o de formula que complementa la que el bebé toma directamente al pecho) sin por ello dificultar o interferir en su lactancia. Pueden ser mujeres que:
  • Desean pasar de lactancia mixta a lactancia materna exclusiva, pero no tienen tiempo disponible como para realizar varias extracciones diarias. En este caso, se sustituye la estimulación mediante la extracción con la estimulación directa del bebé al tomar el suplemento.
  • Quieren pasar de lactancia mixta a materna exclusiva y buscan una forma de dar los suplementos que interfiera lo menos posible con la lactancia.
  • Desean relactar después de haber destetado a su bebé.
  • Quieren inducirse la lactancia para un bebé que no es su hijo biológico (madres adoptivas, parejas de madres lesbianas, mujeres que amamantan al bebé de algún familiar, etc.). 
  • Tienen bebés con patrones débiles o desorganizados de succión que necesitan tomar suplementos.
Aquí os dejo un testimonio de relactación, publicado en el blog de Sina.

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